EL AVIÓN DE LA DISCORDIA: PERO QUÉ NECESIDAD
LA CRÓNICA DE MORELOS
Lunes 19 de enero de 2026
E D I T O R I A L
El fin de semana pasado, un avión militar C-130J Super Hércules de la Fuerza Aérea de Estados Unidos aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Toluca, procedente de una base en Texas, desatando un torbellino de especulaciones y alarmas en redes sociales.
En un contexto de tensiones bilaterales exacerbadas por las amenazas de intervención de Donald Trump contra los carteles mexicanos, este incidente no pasó desapercibido. Usuarios y analistas cuestionaron inmediatamente el propósito del vuelo, evocando temores de injerencia extranjera en territorio nacional.
Aunque el gobierno federal aseguró que se trataba de un vuelo autorizado para actividades logísticas y de capacitación, la falta de transparencia inicial solo avivó las dudas sobre la soberanía mexicana.
Pero qué necesidad de prolongar el suspenso hasta el lunes, cuando la presidenta Claudia Sheinbaum tuvo que asumir (una vez más) el rol de pararrayos en su conferencia mañanera. El silencio oficial durante más de 24 horas permitió que la controversia creciera como bola de nieve, obligando a la mandataria a esclarecer que la autorización databa de octubre de 2025 y que no involucraba tropas extranjeras, sino personal de la Secretaría de Seguridad Ciudadana en un programa de formación avalado por la SEDENA.
Este episodio representa un tremendo desgaste para Sheinbaum y sus principales colaboradores, quienes parecen haber subestimado el impacto de un evento tan sensible en un clima geopolítico volátil.
La ineficacia de los aparatos de comunicación gubernamentales quedó expuesta una vez más: ¿dónde estaban los funcionarios del gabinete de seguridad, los altos mandos de la Defensa y los responsables de relaciones exteriores para emitir un comunicado oportuno? En lugar de una respuesta proactiva el sábado o domingo, se optó por la pasividad, dejando que la narrativa se descontrolara en plataformas digitales.
Esta omisión no solo erosiona la credibilidad del gobierno, sino que resalta una desconexión entre las instancias responsables y la percepción pública, donde cada retraso se interpreta como ocultamiento o debilidad.
Finalmente, prevalece un clima de incredulidad en todo este embrollo, ya que explicaciones posteriores como “asuntos logísticos” o “capacitaciones rutinarias” suenan a justificaciones tardías ante un público escéptico.
En un México que defiende su autonomía con vehemencia, incidentes como este exigen no solo claridad inmediata, sino una estrategia de comunicación robusta para evitar que la desconfianza se convierta en norma.
Pero qué necesidad de repetir errores que solo alimentan la polarización y debilitan la imagen de un gobierno que promete transformación.
