EL BUFÓN DE LA AUSTERIDAD: FERNÁNDEZ NOROÑA Y SU CIRCO DE CONTRADICCIONES
OPINIÓN
Por Guillermo Cinta Flores
Martes 25 de marzo de 2025
Hay personajes en la política mexicana que parecen sacados de una mala caricatura, y luego está Gerardo Fernández Noroña, presidente del Senado, un sujeto que eleva la hipocresía a niveles de arte grotesco. Si la esquizofrenia política tuviera rostro, sería el suyo: un hombre que predica la “austeridad franciscana” mientras se regodea en lujos pagados con el erario, que jura lealtad al pueblo mientras apuñala a sus víctimas más vulnerables, y que se pavonea en foros internacionales como si alguien, fuera de su espejo, lo tomara en serio. Es un espectáculo de locura y denigración que insulta la inteligencia de cualquiera que lo observe.
Noroña se ha convertido en el bufón perfecto de la corte de Claudia Sheinbaum. Para congraciarse con la presidenta, no duda en lanzar ataques miserables contra las madres buscadoras, esas mujeres que cargan el dolor de un país roto y que, en su búsqueda de justicia, han destapado horrores como el rancho Izaguirre en Teuchitlán. Mientras ellas desentierran verdades que el gobierno preferiría mantener ocultas, Noroña tiene el descaro de cuestionar si los zapatos hallados entre las cenizas son realmente de desaparecidos, como si su escepticismo de cantina valiera más que el sufrimiento de miles. Es un acto de servilismo tan vil que uno se pregunta si su lealtad a Sheinbaum es más fuerte que cualquier rastro de humanidad que alguna vez haya tenido.
Y luego está su patética aventura en Estrasburgo, Francia —no “Augsburgo Francis”, como algunos podrían confundir en su delirio—. Un viaje que justificó como “representación del pueblo” y que terminó siendo un fiasco: un discurso de cinco minutos ante un auditorio semivacío, en una reunión parlamentaria donde su presencia fue tan irrelevante como un mal chiste. ¿El costo? Un boleto en clase ejecutiva, hospedaje de lujo y viáticos que pagamos todos, porque para Noroña, la austeridad es solo un eslogan para las masas, no un principio que él tenga que practicar. Este hombre, que alguna vez se negó a pagar el IVA de un refresco para hacerse el mártir, hoy se da baños de opulencia con cargo al erario sin el menor rubor.
Fernández Noroña es la encarnación de todo lo que apesta en la política mexicana: un demagogo que vende pobreza mientras vive como rey, un oportunista que usa el dolor ajeno como escalón para trepar, y un fanfarrón que confunde el cargo con un pase libre para sus caprichos. Su presidencia en el Senado no es un servicio público, es una farsa personal. Si esto no es la locura y la denigración de la política, que alguien me explique qué es. México merece más que este payaso disfrazado de revolucionario.