EL CJNG EN MORELOS: VIGILANCIA ANTE UN POSIBLE REACOMODO
Las autoridades en Morelos mantienen una estricta vigilancia sobre cualquier posible reacomodo del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) tras la muerte de su líder, Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”.
Fuentes de seguridad estatal indican que, aunque la presencia del grupo en la entidad no es dominante, se han intensificado operativos en municipios del sur como Jojutla, Tlaltizapán y Tlaquiltenango para prevenir escaladas de violencia o expansiones territoriales.
Este monitoreo se basa en inteligencia que sugiere que el cártel podría ajustar sus delegados regionales en respuesta a cambios internos, pero por ahora no se anticipan reacciones inmediatas.
La columna sabatina de la periodista Peniley Ramírez, especialista en temas sobre crimen organizado, resalta que el CJNG no es una organización monolítica, sino una “multinacional del crimen” con alianzas en más de 40 países y diversificada en actividades como narcotráfico, extorsión y lavado de dinero.
Tras la caída de El Mencho, abatido por el Ejército, el foco está en el reacomodo interno, donde figuras como su hijastro Juan Carlos Valencia González, alias “El 3”, y Audias Flores Silva, “El Jardinero”, emergen como posibles sucesores. Esta transición podría generar tensiones locales, pero la resiliencia histórica del grupo sugiere que podría adaptarse sin colapsar.
En Morelos, la presencia del CJNG se ha confirmado a través de células como “El Trébol”. Informes de la DEA ubican al estado entre aquellos con influencia menor del cártel, comparable a Oaxaca o Tabasco, pero suficiente para operaciones de trasiego de drogas y extorsiones en zonas colindantes con Guerrero.
Eventos recientes, como amenazas a alcaldes en videos atribuidos al grupo o ataques con drones, subrayan la necesidad de alerta constante.
Ramírez enfatiza el rol clave de “Los Cuinis”, el brazo financiero liderado por familiares de El Mencho, como Abigael González Valencia. Esta red maneja operaciones multimillonarias a través de empresas fachada, lo que permite al CJNG mantener su poder económico incluso en periodos de inestabilidad. En contextos como Morelos, esto podría traducirse en intentos de infiltración en economías locales, como la agricultura o el turismo, para lavar activos.
La diversificación del CJNG, que incluye robo de combustible, tráfico de armas y tala clandestina, lo hace adaptable a entornos como el de Morelos, donde compite con rivales como La Familia Michoacana.
La periodista advierte que, tras la muerte de un líder, los cárteles a menudo cambian de “membrete” para aliarse con estructuras más exitosas, lo que podría alterar dinámicas en estados periféricos sin presencia dominante.
Autoridades locales, como el secretario de Seguridad, Miguel Urrutia Lozano, han negado una expansión significativa, pero admiten la operación de facciones en el sur. La gobernadora Margarita González Saravia ha afirmado que el estado “está en paz”, respaldada por detenciones y operativos conjuntos con fuerzas federales.
Sin embargo, la reflexión de Ramírez sugiere que subestimar estos reacomodos podría permitir que el CJNG consolide posiciones en regiones vulnerables. Para contrarrestar esto, el Estado mexicano debe demostrar superioridad operativa, como lo propone la columnista basada en años de investigación sobre narcotráfico.
En Morelos, esto implica no solo vigilancia, sino inversión en inteligencia y colaboración interestatal para desmantelar alianzas locales. Ignorar estos patrones podría llevar a enfrentamientos que afecten la seguridad cotidiana.
En conclusión, mientras el CJNG navega su era post-Mencho, Morelos representa un frente secundario pero estratégico. La visión de Peniley Ramírez invita a ver más allá de la violencia inmediata: el verdadero desafío es desarticular la red económica y global que sostiene al cártel, asegurando que cualquier reacomodo no tome raíz en territorios como este.
