EL FRAUDE ELECTORAL QUE SE VISTE DE REALITY: MAYER Y EL VOTO TRAICIONADO

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Jueves 19 de febrero de 2026
La defraudación electoral que representa Sergio Mayer alcanza un nuevo nivel de cinismo con su ingreso sorpresivo como habitante en La Casa de los Famosos 6 de Telemundo, apenas un día después de que la Cámara de Diputados aprobara su licencia por tiempo indefinido a partir del 17 de febrero.
Elegido vía plurinominal por Morena (no por voto directo de los ciudadanos en un distrito específico, sino por acuerdo de partido en la Cuarta Circunscripción), Mayer asumió su cargo el 1 de septiembre de 2024 con el compromiso implícito de representar intereses colectivos hasta el 31 de agosto de 2027. En cambio, prioriza un encierro televisivo en Estados Unidos —su tercera participación en realities de este tipo— mientras acumula un récord de ausentismo: solo 9 asistencias en 62 sesiones de esta legislatura.
Los electores que confiaron en la lista de Morena se quedan sin representación efectiva, financiando con impuestos un sueldo y prerrogativas que se desvían hacia el espectáculo, en un abandono que huele a estafa sistemática contra la democracia.
Este timo no es aislado; es el eco de una degradación que lleva años clamando por sanciones reales. En abril de 2009, el abogado Cipriano Sotelo Salgado, entonces presidente de la Asociación de Abogados Penalistas del Estado de Morelos, presentó una iniciativa al Congreso local para reformar el Código Penal e instaurar el delito de fraude político, tipificando como punible el incumplimiento de promesas de campaña una vez en el cargo.
La propuesta, destinada a castigar delitos contra la colectividad, argumentaba que el descrédito de la clase política mexicana radica precisamente en esa brecha: candidatos que prometen el cielo en campaña, pero olvidan todo al cobrar sueldos exorbitantes con recursos públicos. Sotelo lo resumió con crudeza: la falta de credibilidad surge de promesas incumplidas. Sin embargo, la idea quedó congelada en la Comisión de Puntos Constitucionales, sin debate ni avance.
Aunque existe la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos para sancionar omisiones, es letra muerta: nadie denuncia con seriedad, y cuando ocurre, suele diluirse en venganzas políticas sin consecuencias reales.
Desgraciadamente para la sociedad mexicana —y más aún para el electorado de Morena que vio en el partido una promesa de transformación—, el caso Mayer acelera esta putrefacción. Mientras él “mueve fichas” en el reality y genera revuelo mediático, Ricardo Monreal, coordinador de Morena en la Cámara, admite la necesidad de “poner filtros” en la selección de candidatos rumbo a 2027, reconociendo implícitamente el error de incluir perfiles como el de Mayer.
Si el abandono de curules por ambiciones personales, el ausentismo crónico y el uso del cargo como trampolín mediático siguen impunes, ¿qué valor tiene el voto?
Es urgente resucitar propuestas como la de Sotelo Salgado y convertir el fraude político en un delito con dientes, antes de que más “representantes” conviertan el Congreso en un mero preludio de reality shows y el electorado siga pagando la cuenta de esta tragicomedia nacional.
