EL GRAN CIRCO DE LA POLÍTICA: MAYER CAMBIA CURUL POR CONFETI
LA CRÓNICA DE MORELOS
Miércoles 18 de febrero de 2026
E D I T O R I A L
En un acto que redefine el cinismo político, Sergio Mayer, el flamante diputado federal, ha decidido cambiar el solemne recinto de San Lázaro por el circo televisivo de “La Casa de los Famosos”. ¿Qué mejor manera de honrar el voto de los electores que abandonando su curul para perseguir reflectores y ratings? Esto no es solo una renuncia; es un escupitajo en la cara de la sociedad mexicana, que depositó su confianza en un representante para legislar, no para posar en un reality show.
Mayer, con su historial de telenovelas y escándalos, confirma que la política se ha convertido en un trampolín para egos inflados, donde el servicio público es solo un intermedio entre aplausos.
Y aquí entra la ironía suprema: su suplente, Luis Morales Flores, un comerciante de la Central de Abastos, quien previamente exigía la renuncia de Mayer por ser “ajeno al movimiento”. Ahora, Morales ocupará el asiento tibio, como si la política fuera un juego de sillas musicales donde los ideales se negocian como frutas en el mercado. ¿Dónde queda la coherencia? Este relevo no es más que una farsa, un intercambio de oportunistas que degrada aún más el ya podrido sistema.
Los electores, esos ingenuos que creyeron en promesas de cambio, son los verdaderos perdedores, defraudados por un dúo que prioriza el espectáculo sobre la sustancia.
Esta degradación superlativa de la política mexicana no es un incidente aislado; es el síntoma de una clase dirigente que trata al Congreso como un set de grabación.
Mayer, al pedir licencia para sumergirse en el lodazal de la fama efímera, expone la vacuidad de muchos “representantes” que ven su cargo como un boleto a la celebridad, no como un deber cívico. ¿Cuántos más seguirán su ejemplo?
La sociedad, harta de estos payasos con corbata, debería exigir no solo renuncias, sino un saneamiento total de esta cloaca parlamentaria.
En última instancia, este episodio es un recordatorio filoso de que la política en México ha tocado fondo: de la urna al confesionario televisivo, con un suplente que ayer criticaba y hoy se acomoda. Es hora de que los electores despierten y exijan autenticidad, no más fraudes disfrazados de líderes. Si no, seguiremos votando por ilusiones, solo para verlas evaporarse en el humo de los reflectores.
