EL PERSISTENTE DESAFÍO DEL CONDÓN EN MORELOS: DE LAS SOMBRAS DEL PASADO A LA REALIDAD UNIVERSITARIA
En los pasillos de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), un eco del pasado resuena con fuerza: la resistencia al uso del condón entre los jóvenes. Como reveló recientemente Isidro Añorve Sánchez, director de Diversidad Sexual del Ayuntamiento de Cuernavaca, muchos estudiantes asocian este método de protección con una disminución del placer, un mito que no solo persiste, sino que pone en jaque la salud pública. Pero esta inquietud no es nueva.
Hace más de dos décadas, un estudio pionero del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) en Cuernavaca ya alertaba sobre patrones similares, enmarcados en prácticas de “sexo recompensado” que aumentan la vulnerabilidad a infecciones de transmisión sexual (ITS) y VIH.
El estudio, titulado El sexo recompensado: una práctica en el centro de las vulnerabilidades (ITS/VIH/SIDA) de las jóvenes mexicanas, publicado en 2004 en la revista Salud Pública de México, analizaba cómo jóvenes de entre 15 y 25 años en Cuernavaca intercambiaban relaciones sexuales por beneficios sociales o económicos, como regalos, salidas o apoyo material. No se trataba de prostitución tradicional, sino de transacciones sutiles, a menudo disfrazadas de “noviazgos”.
En este contexto, la negociación del condón era mínima: las jóvenes, presionadas por dinámicas de poder y desigualdad de género, priorizaban los beneficios inmediatos sobre la protección a largo plazo. El resultado fue una exposición elevada a ITS, ya que el uso inconsistente del condón se convertía en norma, alimentado por el estigma y la falta de educación sexual integral.
Este trabajo del INSP, liderado por investigadores como Florence Lise Théodore, tenía un objetivo claro: visibilizar estas prácticas para frenar la propagación de enfermedades de transmisión sexual en entornos urbanos como Cuernavaca. Basado en datos cualitativos y análisis de vulnerabilidades, reveló que el “sexo recompensado” no siempre se percibe como tal; muchas participantes lo veían como parte natural de relaciones románticas, lo que dificultaba la adopción de medidas preventivas.
En Morelos, esta dinámica se entrelazaba con factores socioeconómicos: la pobreza, la inequidad y la presión cultural para mantener apariencias, todo lo cual reducía la autonomía en decisiones sexuales.
Regresemos al presente. Las declaraciones de Añorve Sánchez no son aisladas; reflejan un problema crónico que el tiempo no ha erradicado. En la UAEM, la resistencia al condón por “menor placer” evoca exactamente las barreras identificadas en 2004: percepciones erróneas que priorizan el disfrute momentáneo sobre la salud.
INQUIETUD EN UAEM POR USO DE CONDÓN 🧑🧑🧒
— 24 Morelos (@24_morelos) February 26, 2026
En la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, estudiantes mostraron resistencia al uso del condón, asociándolo con menor placer.
Isidro Añorve Sánchez, director de Diversidad S3xual en Cuernavaca, explicó que se refuerzan… pic.twitter.com/YY69HJ8Cxy
Pero hay avances. El Ayuntamiento refuerza pláticas sobre protección, ofreciendo condones variados (con texturas, sabores y materiales ultradelgados) y opciones como la PrEP, que previene el VIH en exposiciones de alto riesgo. Estas iniciativas buscan empoderar a los jóvenes para tomar decisiones informadas, rompiendo el ciclo de vulnerabilidad.
Sin embargo, el estudio del INSP nos recuerda que la educación debe ir más allá de la universidad. La próxima semana, se visitarán primarias en Cuernavaca para hablar de diversidad, derechos humanos y convivencia positiva –un paso crucial para sembrar semillas de respeto y prevención desde temprana edad.
Si en 2004 el “sexo recompensado” era una sombra en la salud pública, hoy es un recordatorio de que la desigualdad económica y de género sigue impulsando riesgos innecesarios.
Morelos no puede permitirse ignorarlo: con tasas de ITS que persisten en la región, urge una estrategia integral que combine educación, acceso gratuito a métodos preventivos y desmitificación del condón.
En resumen, las lecciones de aquel estudio de 2004 son vigentes. Si no actuamos con urgencia, la historia se repetirá. Es hora de que instituciones, familias y sociedad civil unan fuerzas para que el placer y la protección no sean enemigos, sino aliados en una sexualidad responsable. Morelos merece una generación libre de mitos y miedos.
