IMPUNIDAD BLINDADA: ¿LA RECTORÍA DE LA UAEM QUE PROTEGE ACOSADORES Y PERPETÚA EL PARO?
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Jueves 2 de abril de 2026
La reunión de este miércoles en el Seminario Mayor de Ocotepec dejó al descubierto una de las principales causas de la profunda crisis que mantiene paralizada a la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Mientras la rectora Viridiana León Hernández intentaba proyectar disposición al diálogo con Resistencia Estudiantil UAEM, las voces de los estudiantes revelaron un sistema podrido: el Campus Chamilpa sigue tomado porque las autoridades universitarias han preferido la simulación burocrática antes que enfrentar de frente la violencia y el acoso que carcomen la institución. El paro no es un capricho; es la consecuencia directa de una autoridad que ha convertido la dilación en estrategia de supervivencia.
Las denuncias contra la Procuraduría de los Derechos Académicos y la Unidad de Género fueron devastadoras. Estas instancias, lejos de ser herramientas de justicia, operan como verdaderos archivos de la impunidad. Cientos de carpetas por acoso escolar y acoso sexual se acumulan bajo montañas de trámites interminables, donde el burocratismo parece diseñado expresamente para desgastar a las víctimas y dejar impunes a los agresores. La Rectoría sabe de esta inoperancia crónica y, sin embargo, la tolera como si fuera un mal menor, cuando en realidad es el combustible que mantiene vivo el conflicto.
Más grave aún es el contubernio señalado entre directivos de unidades académicas y el sindicato SITAUAEM. Funcionarios que deberían velar por la integridad de la comunidad actúan como escudos protectores de los llamados “depredadores”, bloqueando investigaciones y evitando cualquier sanción efectiva. Este pacto de silencio y complicidad no es un secreto para la Rectoría: es una práctica consentida que prioriza la estabilidad sindical sobre la seguridad y la dignidad de estudiantes y personal académico. Mientras los agresores siguen impartiendo clases, las víctimas ven cómo sus denuncias se convierten en letra muerta.
Lo que hace intolerable esta situación es el carácter meramente declarativo de estas instancias. Sus facultades se limitan a emitir “recomendaciones” que nadie está obligado a acatar. Protocolos, oficinas y discursos de género suenan bien en los comunicados oficiales, pero en la práctica resultan inútiles frente a un sistema que carece de poder vinculante y sancionador real. La Rectoría presume de tener mecanismos de atención, cuando en los hechos ha construido un muro de impunidad que solo beneficia a los violentos y a sus protectores.
El mensaje que salió de Ocotepec es inequívoco: mientras la Rectoría de Viridiana León Hernández no rompa con esta cultura de simulación, no desmantele la burocracia protectora de acosadores y no otorgue facultades reales a sus instancias, el conflicto no tendrá solución duradera. El paro y la toma de instalaciones no desaparecerán con mesas de diálogo tibias ni con promesas vagas. La universidad exige acciones concretas, no más palabrería. La generación actual de estudiantes de la UAEM ya pagó demasiado caro el precio de esta indolencia institucional. El tiempo de las excusas se agotó.
