JUVENTUD, CONFUSIÓN Y LA BÚSQUEDA DE IDENTIDAD EN LA ERA DIGITAL
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Miércoles 2 de abril de 2025
El mundo actual se encuentra envuelto en una niebla de confusión, donde las fronteras entre lo real y lo fabricado se desdibujan. Conflictos globales, desinformación y una avalancha de estímulos digitales saturan la mente, especialmente la de los jóvenes. En México, y de manera más localizada en Morelos, esta tormenta perfecta se agrava por desafíos propios: inseguridad, desigualdad y una sensación de futuro incierto. La juventud, que debería estar forjando su identidad y sueños, se ve atrapada en un torbellino de ruido que dificulta distinguir su propia voz entre el caos.
Las redes sociales, con su promesa de conexión, han terminado por convertirse en un amplificador de esta confusión. La inmediatez que exigen —respuestas rápidas, opiniones instantáneas, vidas perfectas en 280 caracteres— erosiona la capacidad de reflexión. En Morelos, donde la vida cotidiana ya carga con tensiones sociales y económicas, los jóvenes se ven empujados a adoptar identidades prestadas, moldeadas por tendencias globales que poco tienen que ver con su realidad. La presión de encajar en un molde digital los aleja de sus raíces y de la posibilidad de construir un sentido auténtico de quiénes son.
Esta pérdida de individualidad no es un fenómeno menor. Cuando la identidad se reduce a un “like” o a la validación de desconocidos, se sacrifica la introspección por la aprobación externa. Los chicos de Cuernavaca o Jiutepec, por ejemplo, podrían estar más preocupados por proyectar una imagen “exitosa” en TikTok que por entender qué los hace únicos en un contexto tan rico como el mexicano. La inmediatez de las redes no deja espacio para el silencio, ese lugar donde nacen las ideas propias, y en su lugar ofrece un guion preescrito que todos siguen al unísono.
Sin embargo, no todo está perdido. La juventud de México y Morelos tiene una resiliencia histórica que puede ser su salvación. Reconectar con lo local —las tradiciones, la comunidad, el tiempo pausado— podría ser un antídoto contra la vorágine digital. Hacer una pausa, cuestionar el ritmo impuesto y buscar en su interior les permitirá no solo sobrevivir a esta era de confusión, sino transformarla. Porque en un mundo que grita, la verdadera rebeldía es aprender a escucharse a uno mismo.