LA ACLAMACIÓN DE “EL MENCHO” Y LA NORMALIZACIÓN DE LA NARCOCULTURA EN GUADALAJARA
OPINIÓN
Por Guillermo Cinta Flores
Lunes 31 de marzo de 2025
La normalización de las culturas de la violencia y el narcotráfico en México ha alcanzado niveles alarmantes, como quedó evidenciado este fin de semana en un reciente evento de corridos en Guadalajara. Durante un concierto en el Auditorio Telmex de la Universidad de Guadalajara el sábado 29 de marzo, el grupo Los Alegres del Barranco proyectó imágenes de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Lejos de generar rechazo, la audiencia abarrotó el recinto y coreó entusiastamente las canciones que enaltecían al capo, un hombre señalado por innumerables actos de violencia y tráfico de drogas a nivel global.
Este episodio refleja cómo figuras del crimen organizado han pasado de ser temidas a ser celebradas en ciertos sectores de la sociedad.
El fenómeno no es aislado ni nuevo. Los narcocorridos, un género musical que narra las hazañas de los narcotraficantes, han evolucionado desde crónicas sociales hasta convertirse en himnos que glorifican un estilo de vida violento y fuera de la ley. En este caso, la proyección de “El Mencho” como un héroe popular en un espacio cultural tan emblemático como el Auditorio Telmex pone en evidencia la permeabilidad de la narcocultura en las instituciones y la vida cotidiana. La respuesta del público, aplaudiendo y cantando al unísono, sugiere una aceptación tácita de la violencia como parte del tejido social, un proceso que se ha intensificado en regiones como Jalisco, donde el CJNG mantiene una fuerte presencia y control territorial.
Esta normalización tiene raíces profundas en las condiciones socioeconómicas y políticas del país. La falta de oportunidades, la corrupción institucional y la impunidad han creado un caldo de cultivo donde personajes como “El Mencho” son vistos como símbolos de poder y resistencia frente a un sistema fallido. En lugar de ser percibido únicamente como un criminal, se le atribuyen rasgos de benefactor o líder carismático, una narrativa que los corridos refuerzan al presentarlo como “el señor de los gallos”.
Este tipo de aclamación pública no solo desdibuja la línea entre el bien y el mal, sino que también desafía los esfuerzos de las autoridades por desmantelar la influencia cultural del narcotráfico, como lo expresó el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, al pedir un esfuerzo colectivo para dejar de normalizar la violencia.
Sin embargo, la respuesta oficial suele quedarse corta frente a la magnitud del problema. Mientras el gobierno y las fuerzas de seguridad luchan por contener al CJNG, la fascinación por figuras como “El Mencho” crece en la imaginación popular, alimentada por la música, las redes sociales y la falta de una alternativa cultural sólida que contrarreste estos mensajes.
El evento en Guadalajara no es solo un concierto; es un síntoma de una sociedad que, en parte, ha dejado de ver al narcotráfico como una amenaza para romantizarlo como un camino al éxito.
Si no se abordan las causas estructurales de esta normalización, la violencia y el crimen organizado seguirán encontrando eco en el aplauso de las multitudes, perpetuando un ciclo difícil de romper.