LA AVERSIÓN A LA CRÍTICA ENTRE FUNCIONARIOS Y POLÍTICOS DE MÉXICO
La aversión a la crítica por parte de muchos funcionarios y políticos mexicanos es un fenómeno multifacético, arraigado en factores culturales, estructurales y políticos que han persistido a lo largo de diferentes administraciones. Esta tendencia no aplica a todos, pero sí parece ser mayoritaria.
A continuación vamos a resumir las razones principales y cuál debería ser la actitud ideal al recibir crítica, sin incurrir en censura.
Razones por las que muchos no aceptan la crítica
Cultura política autoritaria y desconfianza histórica
En México, el sistema político ha fomentado durante décadas que la crítica se perciba como un ataque personal o una amenaza al poder, más que como una herramienta para mejorar. Esto viene de una tradición que priorizaba la unidad sobre el disenso, generando una dinámica donde el pensamiento crítico se ve como deslealtad. Se suma una intolerancia generalizada a que se cuestione al gobierno, agravada por la crisis de confianza, corrupción y violencia que han erosionado la legitimidad política.
Control económico sobre los medios y el miedo a la exposición
Muchos políticos usan recursos públicos para influir en la narrativa mediática. Entregan contratos millonarios a medios afines y retiran publicidad oficial a los críticos. Esta práctica crea un mecanismo de censura indirecta muy efectivo. Frases como “no pago para que me peguen” ilustran cómo se condiciona el financiamiento a la ausencia de críticas. Esto ha ocurrido en varias administraciones y sigue siendo un problema porque no existe una regulación clara y transparente de la publicidad gubernamental.
Personalización del poder y rechazo al disenso
En muchos casos, los líderes ven la crítica como un ataque personal en lugar de un debate público legítimo. Esto lleva a respuestas defensivas, estigmatización de periodistas y comunicadores, y en ocasiones a campañas de desprestigio desde las conferencias matutinas o discursos oficiales. El resultado es que se fomenta la autocensura entre quienes hacen periodismo crítico.
Factores psicológicos y sociales
Existe una tendencia a la defensividad emocional: admitir errores se percibe como debilidad. A esto se suma una cultura que muchas veces rechaza ver a otros “triunfar” o cuestionar desde fuera, priorizando la lealtad por encima de la rendición de cuentas.
Estos elementos no justifican los abusos de algunos comunicadores (chantajes, extorsiones o búsqueda de canonjías), que también dañan la credibilidad del periodismo y dan pretextos al poder para contraatacar.
Sin embargo, la respuesta a esos abusos no debe ser censura generalizada, sino vías legales justas y regulación ética para ambos lados.
Actitud ideal al admitir la crítica
En una democracia sana, los políticos deberían ver la crítica constructiva (sobre todo la que viene de medios independientes) como un mecanismo valioso de rendición de cuentas.
La actitud ideal sería:
Cambiar la mentalidad defensiva
Reconocer que la crítica a políticas específicas no es un ataque personal, sino una oportunidad para mejorar. Responder con argumentos, datos y propuestas, en lugar de descalificaciones o ataques personales.
Ofrecer soluciones y transparencia
Cuando se admita un error, proponer acciones correctivas concretas: reformas, investigaciones independientes, ajustes de rumbo. Abrir canales reales de diálogo con la ciudadanía y la prensa, sin condicionar recursos públicos al tono de la cobertura.
Evitar cualquier forma de censura
No usar el presupuesto público para premiar o castigar a medios. No estigmatizar ni señalar a periodistas como “enemigos del pueblo”. Si hay abusos por parte de comunicadores, recurrir a procesos legales justos y probados (por difamación, por ejemplo), pero nunca generalizar ni usar herramientas legales como arma para silenciar voces críticas.
Estrategias prácticas
Aprender a recibir retroalimentación: definir preferencias claras (por escrito, en privado, etc.), medir el impacto real de la crítica y enfocarse en mejoras concretas. Esto no solo evita actitudes autoritarias, sino que construye confianza pública a largo plazo.
En resumen, la intolerancia a la crítica en México surge de una mezcla de historia política, manejo discrecional de recursos y defensividad emocional. Sin embargo, admitir la crítica con humildad, responder con hechos y actuar en consecuencia fortalecería enormemente la democracia. Un periodismo equilibrado y crítico es un aliado del buen gobierno, no un enemigo. Ojalá cada vez más funcionarios lo entiendan así.
