La generación joven y la necesidad de hablar sin filtros en internet
En TikTok e Instagram, cada vez es más común encontrar videos donde jóvenes hablan sin filtros sobre cansancio, frustración, dinero que no alcanza o metas que no se cumplieron. Lejos del contenido aspiracional que dominó durante años, estas publicaciones muestran una realidad más cruda y cotidiana. Lo que antes se ocultaba, hoy se comparte, y ese cambio está marcando una de las tendencias más fuertes del momento.
Usuarios de entre 17 y 23 años están usando las redes como un espacio de desahogo. Videos grabados con la cámara frontal, sin edición y con tono confesional se han vuelto altamente virales. En ellos se repiten temas como no sentirse exitosos a cierta edad, sentirse perdidos, vivir cansados o no saber qué sigue después de estudiar. Lo que conecta no es la solución, sino la identificación colectiva.
Parte de este fenómeno tiene que ver con el contexto actual. Esta generación creció escuchando promesas de estabilidad, éxito y crecimiento personal, pero se enfrenta a un panorama muy distinto: salarios bajos, dificultad para independizarse, presión académica, sobreexposición en redes y un futuro incierto. La comparación constante con otros —amplificada por internet— ha generado ansiedad y una sensación permanente de quedarse atrás.
Además, el discurso motivacional que durante años dominó las plataformas comenzó a desgastarse. Frases como “échale ganas” o “todo es cuestión de actitud” ya no resuenan igual en jóvenes que sienten que, aunque se esfuerzan, el sistema no responde. Por eso, el contenido honesto resulta tan poderoso: no promete éxito, no vende fórmulas, solo valida emociones que muchos comparten en silencio.
Otro factor clave es el cansancio digital. La sobreproducción, las vidas perfectas y el consumo constante provocaron rechazo. Hoy se premia lo espontáneo, lo real y lo imperfecto. Mostrar errores, fracasos o vulnerabilidad ya no se percibe como debilidad, sino como algo humano. En este escenario, las redes dejan de ser escaparates y se transforman en diarios personales compartidos.
Así, el auge de este contenido no es solo una tendencia pasajera, sino un reflejo generacional. Los jóvenes están usando las plataformas para decir “no estoy bien, pero no soy el único”, construyendo comunidad desde la honestidad. En un entorno donde la incertidumbre es parte de la vida diaria, sentirse acompañado, aunque sea a través de una pantalla, se ha vuelto una necesidad.
