LA MASACRE EN SALAMANCA: UN GRITO DE ALARMA PARA MÉXICO
LA CRÓNICA DE MORELOS
Lunes 26 de enero de 2026
E D I T O R I A L
La masacre en un campo de fútbol en Salamanca, Guanajuato, donde un grupo armado irrumpió y acribilló a personas inocentes durante un partido, dejando al menos 11 muertos y varios heridos, representa un nuevo capítulo en la espiral de violencia que azota al país. Este acto atroz, perpetrado el domingo 25 de enero en la comunidad de Loma de Flores, no solo truncó vidas sino que sembró el terror en una actividad tan cotidiana y unificadora como el deporte.
Es un recordatorio brutal de cómo la inseguridad ha permeado hasta los espacios más simples de la vida comunitaria, donde familias y amigos buscan un respiro de la realidad diaria.
Los reportes iniciales indicaron que el ataque ocurrió alrededor de las 5 de la tarde, con sicarios disparando indiscriminadamente contra los presentes, resultando en 10 muertes en el lugar y una más en el hospital, además de al menos 12 heridos.
Guanajuato, uno de los estados más violentos de México, ha sido escenario de innumerables enfrentamientos entre cárteles, y este incidente parece ser otra manifestación de esa guerra soterrada por el control territorial.
El alcalde César Prieto señala que grupos criminales intentan someter a la autoridad local, lo que subraya la fragilidad de las instituciones en regiones donde el crimen organizado opera con impunidad.
Esta tragedia no es un hecho aislado; forma parte de un patrón alarmante que convirtió a México en un territorio marcado por la sangre. En los últimos años, Guanajuato ha registrado miles de homicidios vinculados al narcotráfico, con disputas entre facciones como el Cártel Jalisco Nueva Generación y el Cártel de Santa Rosa de Lima exacerbando la crisis.
La masacre en Salamanca evidencia cómo la violencia se ha normalizado, afectando no solo a involucrados en el crimen sino a civiles inocentes, erosionando el tejido social y generando un clima de miedo que impide el desarrollo económico y la convivencia pacífica.
Frente a esta realidad, es imperativo cuestionar la efectividad de las estrategias federales y estatales en materia de seguridad. Mientras el gobierno promete pacificación mediante programas sociales, la persistencia de masacres como esta revela fallas estructurales: falta de inteligencia, corrupción en las fuerzas del orden y una ausencia de coordinación real.
El llamado del alcalde a reforzar valores es noble, pero insuficiente sin acciones concretas como el desmantelamiento de redes criminales y el fortalecimiento de la justicia. México no puede seguir tolerando que sus ciudadanos vivan bajo la sombra constante de la muerte.
En última instancia, la masacre de Salamanca debe servir como catalizador para un cambio profundo. Es hora de que la sociedad civil, junto con autoridades honestas, exija rendición de cuentas y una transformación radical en el enfoque contra la violencia.
Si no actuamos con urgencia, eventos como este se multiplicarán, perpetuando el sufrimiento de una nación que merece paz y prosperidad. México clama por justicia, y es responsabilidad de todos responder a ese llamado antes de que sea demasiado tarde.
