LA RUTA IMPLACABLE DE LA REFORMA ELECTORAL: ¿CONSOLIDACIÓN O CONTROL EN LA 4T?

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Martes 6 de enero de 2026
En un año que promete ser esencial para la consolidación de la Cuarta Transformación (4T), el coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal, ha sido enfático: nada detendrá la hoja de ruta de la reforma electoral impulsada por el oficialismo. Desde San Lázaro, Monreal aseguró que el Congreso buscará aprobar esta iniciativa antes de finalizar marzo, con modificaciones sustanciales en el financiamiento a partidos políticos, la representación de minorías y la organización de elecciones locales. Esta declaración no es solo retórica; refleja un plan meticulosamente trazado que busca redefinir el panorama electoral mexicano de cara a las elecciones intermedias de 2027.
La ruta de esta reforma se inició en los foros de consulta realizados durante 2025, coordinados por la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral, encabezada por Pablo Gómez. La presidenta Claudia Sheinbaum recibirá la iniciativa formal en las próximas semanas de enero de 2026, para luego enviarla al Congreso el 1 de febrero, coincidiendo con el arranque del periodo ordinario de sesiones. Sin embargo, hay indicios de que el debate podría acelerarse mediante un periodo extraordinario convocado en la tercera semana de enero, tal como lo ha perfilado el propio Monreal. El objetivo es claro: aprobar los cambios clave antes de mayo, respetando el plazo de 90 días previos al inicio formal del proceso electoral en septiembre de 2027, aunque el apremio por cerrar el paquete antes de marzo sugiere una estrategia para evitar dilaciones opositoras.
Entre los cambios más controvertidos se encuentra la reducción drástica del financiamiento público a los partidos, una medida que busca cortar los más de 70 mil millones de pesos anuales que absorbe el sistema electoral y legislativo, promoviendo una supuesta austeridad republicana. Otro eje central es la eliminación de las diputaciones plurinominales, que actualmente garantizan la representación proporcional de minorías políticas, pero que Morena ve como un lastre para su consolidación en los estados. Esta propuesta ha generado fricciones incluso con aliados como el PVEM y el PT, quienes condicionan su apoyo a no perder recursos ni peso parlamentario, lo que obligará a negociaciones intensas dentro de la coalición oficialista.
Además, se plantea la desaparición de los Organismos Públicos Locales Electorales (OPLE), centralizando la organización de elecciones locales en el Instituto Nacional Electoral (INE) o bajo mayor control gubernamental. Esta medida tendría repercusiones directas en entidades como Morelos, donde la gobernadora Margarita González Saravia ha participado activamente en los foros de consulta, aportando propuestas ciudadanas para una reforma más austera y representativa. Sin embargo, la posible eliminación del Instituto Morelense de Procesos Electorales y Participación Ciudadana (Impepac) podría limitar la autonomía local en la organización de comicios, fortaleciendo el control central de la 4T en un estado clave para el oficialismo, y potencialmente marginando voces opositoras en procesos futuros.
Monreal ha ido más allá al confirmar que Morena discute un cambio de fondo en la elección de consejeros del INE, proponiendo opciones como el voto directo ciudadano o un sorteo obligatorio entre perfiles evaluados, justo cuando en 2026 expiran los términos de tres consejeros clave. Esta movida no es menor: el Consejo General del INE no solo organiza elecciones, sino que las valida, y reformarlo podría inclinar la balanza hacia un “árbitro” más alineado con el poder en turno. Expertos como Gustavo López Montiel advierten que esta reforma no solo reduce costos, sino que consolida el control territorial de gobernadores afines a la 4T, marginando a la oposición y al propio INE, cuya voz se ha vuelto irrelevante en el proceso.
En este contexto, la reforma electoral de 2026 no es solo técnica; es un instrumento político para afianzar la transformación sheinbaumista. Mientras la oposición, fragmentada tras rupturas como la del PAN con el PRI, lucha por reagruparse, Morena avanza con paso firme. ¿Será esta la ruta hacia una democracia más eficiente, o hacia un mayor centralismo? El Congreso tiene la palabra, pero la 4T ya ha marcado el camino.
