LLAMANDO AL TERROR POR SU NOMBRE: EL CJNG Y EL CRIMEN ORGANIZADO COMO AMENAZA TERRORISTA EN MÉXICO
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Lunes 23 de febrero de 2026
Este domingo, el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), desató un caos sin precedentes en varios estados de México. En respuesta inmediata al operativo militar que acabó con su vida en la sierra de Jalisco, el grupo criminal sembró el terror mediante bloqueos carreteros, incendios a comercios y vehículos, y enfrentamientos armados que paralizaron regiones enteras.
Este no fue un mero acto de venganza criminal; se trató de una operación deliberada para infundir miedo masivo en la población y desafiar abiertamente al Estado mexicano. Es hora de llamar al pan pan y al vino vino: el CJNG y otros grupos similares operan como verdaderas organizaciones terroristas, utilizando tácticas de intimidación sistemática que trascienden el narcotráfico para desestabilizar la sociedad civil.
Lo que distingue a estos cárteles de delincuentes comunes es su empleo calculado del terror como instrumento de control y reacciones inmediatas gracias a su enorme capacidad de fuego. Atacan infraestructuras civiles, asesinan inocentes y generan pánico colectivo para imponer su dominio paralelo, similar a las estrategias de grupos como ISIS o Al Qaeda, pero adaptadas al contexto mexicano.
Evadir esta realidad con eufemismos como “crimen organizado” solo perpetúa la impunidad, debilita la respuesta institucional y permite que estos actores se fortalezcan en la sombra, consolidando un poder que rivaliza con el del Estado.
Morelos no quedó al margen de esta ola de terror. El miedo colectivo se apoderó de la entidad, llevando este lunes a la suspensión de clases en escuelas y universidades, mientras las actividades económicas se redujeron al mínimo indispensable. Calles desiertas, comercios cerrados y un ambiente de incertidumbre paralizaron la vida cotidiana, demostrando cómo el terror se propaga más allá de los focos de conflicto directo y afecta profundamente a comunidades ajenas al epicentro.
Este impacto psicológico es precisamente el objetivo principal de estas organizaciones: no solo dominar territorios, sino someter mentes y erosionar la normalidad diaria.
El domingo, las redes sociales amplificaron el pánico con la difusión masiva de fake news, incluyendo anuncios de un inexistente toque de queda que circularon como reguero de pólvora. Estos mensajes alarmantes exacerbaban el temor y revivían traumas colectivos. Quienes vivimos el falso toque de queda de 2010 sabemos el daño duradero que deja en la memoria de los morelenses: una herida abierta que fomenta la desconfianza en las autoridades y convierte la desinformación en un arma adicional al servicio de los criminales.
No podemos seguir minimizando esta amenaza. Reconocer al CJNG y a sus pares como organizaciones terroristas exige una respuesta más contundente: inteligencia coordinada a nivel nacional e internacional, recursos especializados y un rechazo frontal a la normalización de la violencia. Solo llamando las cosas por su nombre podremos restaurar la paz en estados como Morelos y en todo México, evitando que el terror se instale como el nuevo statu quo tras eventos como el abatimiento de “El Mencho”.
