MADURO TRAS LAS REJAS

PERSPECTIVA
Por Marcos Pineda Godoy
Lunes 5 de enero de 2026
Nicolás Maduro Moros pretendía seguir gobernando Venezuela al menos hasta el 2031. Ya no tuvo la posibilidad de cumplir en marzo 16 años en el poder, por haber sido detenido y trasladado a los Estados Unidos a fin de enfrentar un proceso judicial por diversos delitos, siendo acusado de liderar al Cártel de los Soles.
Nacido el 23 de noviembre de 1962, en Caracas, Venezuela, proveniente de una familia de clase media, Maduro hizo sus primeros estudios en instituciones privadas, pero luego de terminar la secundaria en una escuela pública decidió abandonarlos para dedicarse a manejar un autobús, comenzando a la par una carrera como sindicalista.
Desde muy joven fue miembro y dirigente de organizaciones de corte socialista. Recibió formación ideológica y partidaria en Cuba. A inicios de los noventa del siglo pasado conoció a Hugo Chávez, tras el fallido intento de Golpe de Estado de 1992. Desde entonces, se convirtió en su fiel seguidor y, posteriormente, en su sucesor, siendo designado todavía en vida por el propio Chávez, en su último discurso público, antes de fallecer.
Podrán verterse muy variadas y contrapuestas versiones sobre el fondo de su captura. Es decir, si fue traicionado o no desde adentro de su gobierno. Todavía hace pocas semanas, vaciló entre presentarse desafiante y envalentonado, seguro e invencible, a un tono más conciliador que llamaba a encontrar un arreglo por la vía del diálogo con el propio Donald Trump. También, sobre si su aprehensión fue legal, conforme a qué leyes e interpretaciones, o si se trató de violaciones a los tratados internacionales, en el marco de una acción militar intervencionista.
Sin embargo, eso tiene sin cuidado a Trump y a buena parte de la élite política norteamericana, no importando la cantidad de desplegados, posicionamientos unilaterales o conjuntos, ni publicaciones en redes o manifestaciones en sus sedes diplomáticas. El gobierno de Trump ya lo tiene tras las rejas, junto con su esposa, a quien procesarán de igual manera.
El gobierno de Trump tiene bien diseñada su narrativa para no haber necesitado de la autorización del Congreso: Las acusaciones contra Maduro y su esposa son por narcotráfico y terrorismo, no por haber hecho fraude en sus pasadas elecciones, ni por haber sido un gobernante autoritario y asesino de sus opositores, violentador de la libertad de prensa y del derecho a la información. No. De esos otros delitos tendrían que acusarlo y juzgarlo en Venezuela, cuestión que se antoja difícil porque todo apunta a que, sino le dan la pena de muerte, sí pasará el resto de sus días en alguna prisión estadounidense.
Quienes más allá de defender la no intervención, la autodeterminación de los pueblos y la solución pacífica de las controversias apuestan por manifestarse en la defensa de Maduro y del régimen chavista, bolivariano, dicen ellos, deberían hacer un alto para reflexionar si no fue el propio Nicolás Maduro quien, empecinado en mantenerse en el poder, no permitió la autodeterminación del pueblo venezolano, ni el diálogo y menos la paz.
Tampoco nos hagamos, Estados Unidos va por sus intereses económicos, como lo van también China y Rusia. Está cantado, ya sabemos cómo serán los próximos tres años del gobierno de Trump.
Y PARA INICIADOS:
Ya mañana veremos si hay más posicionamientos del gobierno mexicano respecto al caso Venezuela, en lo político, porque en lo del combate a los cárteles del crimen organizado varios de los muy cercanos a Maduro ya se mostraron temerosos de que esa cacería, legal o no, intervencionista o no, los vayan a alcanzar. Igual les convendría más ir haciendo maletas.
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