NAVEGANDO EL CAOS; REFLEXIONES EN TIEMPOS DE INCERTIDUMBRE Y CONFUSIÓN
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Sábado 5 de abril de 2025
Vivimos en una era donde la incertidumbre parece ser la única constante. Desde conflictos geopolíticos hasta crisis económicas y ambientales, el mundo se encuentra en un estado de flujo perpetuo. La velocidad con la que se propagan las noticias —y las opiniones— a través de plataformas digitales amplifica esta sensación de confusión.
Según el Foro Económico Mundial, en su informe de riesgos globales de 2024, la desinformación y la polarización social se han convertido en amenazas tan significativas como el cambio climático o las pandemias. Este panorama nos invita a reflexionar: ¿cómo navegamos en un mar de datos contradictorios y emociones encontradas?
Los eventos internacionales recientes han puesto de manifiesto la fragilidad de las alianzas y el equilibrio de poder. Tensiones entre grandes potencias, como las disputas comerciales y tecnológicas entre Estados Unidos y China, o el resurgimiento de conflictos en Europa del Este, generan un efecto dominó que afecta a economías y sociedades más allá de sus fronteras.
Un análisis del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) señala que el gasto militar global alcanzó niveles récord en 2023, reflejando una carrera armamentística que no se veía desde la Guerra Fría. Esta escalada no solo incrementa la incertidumbre, sino que dificulta prever un futuro de cooperación global.
La revolución digital, aunque ha democratizado el acceso al conocimiento, también ha desatado una avalancha de narrativas contradictorias. Las redes sociales, en particular, actúan como cajas de resonancia donde la verdad compite con la especulación. Un estudio de la Universidad de Oxford publicado en 2024 encontró que el 60% de los usuarios de plataformas como X se sienten abrumados por la cantidad de información, y muchos admiten dificultad para distinguir hechos de opiniones. Esta confusión no es solo un problema individual; erosiona la confianza en instituciones y fomenta la fragmentación social, alimentando aún más el ciclo de incertidumbre.
A la inestabilidad política y tecnológica se suman desafíos como el cambio climático y las desigualdades económicas. La ONU advirtió en su último informe sobre desarrollo sostenible que los avances hacia los Objetivos de 2030 se han estancado, con millones de personas enfrentando hambre y desplazamiento debido a desastres naturales y conflictos.
Estas “crisis convergentes” —término acuñado por expertos en sostenibilidad— crean un entorno donde las soluciones parecen inalcanzables, y las respuestas colectivas se ven obstaculizadas por intereses divergentes. La sensación de que “todo puede empeorar” se arraiga en la conciencia global, intensificando la confusión sobre qué hacer a continuación.
Ante este torbellino, tal vez la respuesta no esté en resolver el caos mundial de inmediato, sino en cultivar una brújula interna. La filósofa Hannah Arendt escribió que, en tiempos de crisis, el pensamiento crítico y la acción deliberada son los antídotos contra la desesperanza. Hoy, esto implica cuestionar lo que leemos, buscar fuentes confiables y dialogar con quienes piensan diferente.
Si bien la incertidumbre y la confusión dominan el panorama, nuestra capacidad para reflexionar y actuar con intención puede ser el primer paso hacia un orden, aunque sea pequeño, en medio del desorden. Después de todo, el mundo siempre ha sido complejo; lo que cambia es cómo elegimos enfrentarlo.