ORDENANDO LA CASA: UN AÑO DE TRANSFORMACIÓN EN MORELOS BAJO EL LIDERAZGO DE MARGARITA GONZÁLEZ SARAVIA

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Lunes 16 de febrero de 2026
En un acto que marca un hito en la historia política de Morelos, la gobernadora Margarita González Saravia culminó su primer año de gestión con la presentación de siete informes regionales, cerrando el ciclo en la Plaza General Emiliano Zapata Salazar de Cuernavaca. Esta iniciativa no solo representa un ejercicio de rendición de cuentas inédito, al abarcar todas las regiones del estado, sino que subraya una estrategia de gobierno territorial que busca democratizar la información y fortalecer la cercanía con la ciudadanía.
Ante más de ocho mil personas, González Saravia reafirmó su compromiso con la transparencia, un principio que, en un contexto de desconfianza hacia las instituciones, sienta precedentes para futuras administraciones. Sin embargo, el verdadero desafío radica en cómo estos informes se traducen en percepciones colectivas de progreso, más allá de los datos expuestos.
La seguridad pública emerge como pilar fundamental en el discurso de la gobernadora, con la implementación de una Estrategia Estatal que prioriza la coordinación entre niveles de gobierno. Este enfoque, inspirado en modelos federales exitosos, busca mitigar la violencia que ha azotado a Morelos en años recientes, pero su efectividad dependerá de la sostenibilidad de los recursos asignados y la participación municipal. Paralelamente, el sector agropecuario recibe un impulso significativo con 700 millones de pesos invertidos, culminando en logros como la Denominación de Origen del Mezcal Morelense y las indicaciones geográficas para la Cecina de Yecapixtla y el chinelo. Estos avances no solo protegen el patrimonio cultural y económico, sino que posicionan a Morelos como un actor competitivo en el mercado nacional, aunque persisten interrogantes sobre cómo beneficiar directamente a pequeños productores en regiones marginadas.
En materia de infraestructura, los más de 200 proyectos ejecutados con una inversión superior a 730 millones de pesos reflejan una visión pragmática de desarrollo. Obras como pavimentaciones y equipamientos mejoran la conectividad y actúan como catalizadores de empleo local, un factor crucial en un estado con altas tasas de informalidad laboral.
La simplificación de trámites en movilidad, mediante un nuevo marco legal, alivia burocracias históricas que han frenado el dinamismo económico. No obstante, el análisis revela una oportunidad perdida si no se integra una perspectiva de resiliencia climática, dado el impacto de fenómenos hidrometeorológicos en la región; un enfoque más integral podría elevar estos esfuerzos de reactivos a preventivos.
La política económica delineada por González Saravia adopta un enfoque social que prioriza el empleo digno y el fortalecimiento del mercado interno, reconociendo las vocaciones productivas y el potencial científico de Morelos. Esta orientación, alineada con la agenda federal de la presidenta Claudia Sheinbaum, podría detonar sinergias en innovación, especialmente en biotecnología y agroindustria. En turismo, la adquisición del predio para el nuevo Centro de Congresos y Convenciones es un paso audaz hacia la diversificación, atrayendo inversión sin depender exclusivamente del ecoturismo.
Los programas sociales como Territorios de Paz y Buen Vivir, Corazón de Mujer y las Caravanas del Pueblo ilustran un gobierno que se proyecta como inclusivo, atendiendo marginación y empoderamiento femenino. La creación de 16 Centros LIBRE, enfocados en violencia de género, responde a una demanda urgente en un estado con altos índices de feminicidios. En educación, la modernización de planteles y el fortalecimiento de espacios deportivos, como los estadios Agustín “Coruco” Díaz y Centenario con el retorno del fútbol profesional, fomentan el aprendizaje y la cohesión social. Este énfasis en lo comunitario es loable, pero requiere evaluación continua para medir impactos reales en deserción escolar y salud mental juvenil, evitando que queden como gestos simbólicos.
En salud y cultura, los avances son notables: la coordinación con IMSS e IMSS-Bienestar fortalece la atención hospitalaria, mientras que la recuperación de infraestructura cultural revitaliza identidades locales. El DIF estatal, con entregas de raciones alimentarias, aborda inseguridad alimentaria de manera inmediata, complementada por acciones hídricas como 45 obras y el ordenamiento del agua.
La sustentabilidad brilla con el aumento en producción de plantas en viveros y proyectos como Parques Raíces y el biosendero del Río Cuautla, que promueven convivencia ecológica. La modernización vía Gobierno Digital y la reorganización administrativa prometen eficiencia, pero el reto es garantizar accesibilidad digital en zonas rurales, donde la brecha tecnológica persiste como barrera al progreso inclusivo.
Finalmente, el anuncio de proyectos estratégicos para 2026, en alianza con el Gobierno de México —desde infraestructura vial y aeroportuaria hasta gobernanza metropolitana—, dibuja un horizonte ambicioso de transformación. Representados por Julio Antonio Berdegué, estos compromisos auguran prosperidad compartida, pero demandan vigilancia ciudadana para evitar desvíos presupuestales comunes en megaproyectos.
González Saravia concluye con una metáfora poderosa: “ordenar la casa es transformarla”, un llamado a la responsabilidad colectiva que, si se materializa, podría consolidar su legado como la primera mujer gobernadora. En un Morelos fracturado por desigualdades, este primer año no es solo rendición de cuentas, sino una apuesta por un futuro unido, donde la tierra que nos une se convierta en motor de equidad y desarrollo sostenible.
