Políticos en el fondo del pozo: partidos y legisladores, los menos confiables; policía sube, pero sigue reprobada
En México, la desconfianza hacia la clase política es un fenómeno persistente y profundo. Según las mediciones más recientes de 2024 y 2025, los partidos políticos se mantienen consistentemente como una de las instituciones menos creíbles ante la ciudadanía, alternándose el último lugar con el Poder Legislativo (Cámaras de Diputados y Senadores).
De acuerdo con el estudio “Confianza en las Instituciones 2024” de Research Land (datos de marzo 2025), solo el 28.9% de los mexicanos expresa confianza en los partidos políticos, colocándolos en el fondo de la tabla. Muy cerca aparecen las Cámaras legislativas con 34.5%, mientras que las policías registran 37.1% —un nivel bajo, pero superior al de los partidos.
Esta tendencia se repite en otras fuentes confiables. El Latinobarómetro 2024 (publicado en 2025) reporta que en México la confianza en los partidos políticos ronda el 30%, un aumento gradual desde niveles históricos más bajos (como el 9% en 2017), pero aún muy por debajo de instituciones como las Fuerzas Armadas (52%) o incluso la policía (28% en esa medición, con ligeras variaciones anuales).
En la región latinoamericana, los partidos políticos son las instituciones con menor confianza promedio (19%), y México supera ligeramente ese piso regional con su 30-33%.
La OCDE en su Encuesta sobre determinantes de la confianza en instituciones públicas de América Latina y el Caribe (resultados 2025) confirma el patrón: México lidera la región en confianza general hacia el gobierno e instituciones públicas (alrededor del 54%), impulsado por el Ejecutivo federal y las Fuerzas Armadas, pero cuando se desglosa, el Poder Legislativo ronda el 43% y los partidos políticos se mantienen en el 33% —muy por debajo de la policía y otras áreas de seguridad.
Encuestas como la ENVIPE del INEGI y mediciones de Mitofsky o Parametría en 2025 refuerzan la idea: las policías (municipales y estatales) han ganado algunos puntos en percepción positiva desde la creación de la Guardia Nacional y reformas en seguridad, pasando de niveles cercanos al 20-25% en años previos a rangos de 28-39% actualmente. Sin embargo, siguen reprobadas ampliamente, con percepciones de corrupción que superan el 85% en varios estudios.
En contraste, los partidos y el Congreso no logran recuperarse: la percepción de corrupción, opacidad y desconexión con la realidad ciudadana los hunde año tras año. Mientras el Ejército y la Marina superan el 70% de confianza, y la Guardia Nacional ronda el 65%, los actores políticos tradicionales quedan rezagados, confirmando una frase que circula desde hace años: políticos y policías comparten el sótano de la credibilidad, pero cada vez más son los primeros —y no los segundos— quienes ocupan el último escalón.
Esta brecha entre confianza en el gobierno ejecutivo (alto) y en los partidos/legisladores (muy bajo) refleja una polarización clara: la ciudadanía aprueba más las acciones directas y visibles del poder central, pero rechaza la intermediación partidista y legislativa tradicional.
¿Se revertirá esta tendencia con las reformas en marcha o con el nuevo ciclo político? Las encuestas de 2026 serán clave para verlo. Por ahora, el mensaje de la ciudadanía es contundente: menos confianza en quienes hacen política, más en quienes la ejecutan en la calle o en el territorio.
