PREPARATORIAS: ESCUDO CONTRA LA DELINCUENCIA JUVENIL EN UN MÉXICO QUE AVANZA

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Jueves 8 de enero de 2026
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo inició el año con una gira intensa por Hidalgo, donde supervisó la construcción del CBTIS No. 293 en Tizayuca, un plantel casi terminado al 98 por ciento que pronto abrirá sus puertas con carreras innovadoras como aeronáutica, comercio internacional y ciberseguridad.
Allí, rodeada de entusiasmo popular, anunció que en 2025 se incorporaron alrededor de 35 mil nuevos estudiantes a preparatorias públicas, y para este 2026 se sumarán 52 mil espacios más, con planes ambiciosos que apuntan a cerca de 95 mil adicionales mediante nuevas construcciones, ampliaciones y ciberbachilleratos.
Sheinbaum contrastó este avance con los 36 años del modelo neoliberal, que limitaba la educación a quienes podían pagarla, dejando a generaciones enteras sin oportunidades y vulnerables a la marginación.
La educación media superior no solo forma profesionales, sino que actúa como un poderoso factor preventivo contra la delincuencia juvenil, al ofrecer a los jóvenes habilidades, valores, pertenencia y perspectivas de futuro que los alejan de pandillas y actividades ilícitas.
Cuando faltan planteles accesibles, los adolescentes enfrentan desempleo precoz, frustración y búsqueda de identidad en grupos delictivos, agravando ciclos de pobreza y violencia.
En ciudades como Cuernavaca, donde la percepción de inseguridad supera el 84 por ciento según encuestas recientes del INEGI, la desigualdad y la limitada oferta educativa en periferias marginadas alimentan estos riesgos.
Aunque Cuernavaca cuenta con zonas prósperas, las colonias vulnerables sufren carencias en infraestructura y servicios, donde la pobreza y la exposición a la violencia limitan el desarrollo de los jóvenes.
La ampliación de preparatorias, como la impulsada por Sheinbaum desde su tiempo en la Ciudad de México con el IEMS y alianzas con IPN y UNAM, busca romper esa cadena, garantizando acceso gratuito y cercano.
Este enfoque nacional, alineado con la visión de la Cuarta Transformación, prioriza la educación como derecho y herramienta de movilidad social, reduciendo deserción y desigualdades que fomentan la criminalidad.
En un país donde la delincuencia juvenil persiste como desafío, invertir en más planteles y becas universales no es solo política educativa: es una estrategia integral de paz y justicia social que puede transformar vidas y comunidades enteras.
