¿SILENCIO ESTRATÉGICO DE LOS ESTUDIANTES EN RESISTENCIA DE LA UAEM?
LA CRÓNICA DE MORELOS
Martes 24 de marzo de 2026
E D I T O R I A L
La firma del Convenio de Colaboración para el Plan Integral de Seguridad Universitaria entre la gobernadora Margarita González Saravia y la rectora Viridiana Aydeé León Hernández fue un acto político y mediático. Con anuncios de “blindaje tecnológico”, videovigilancia, arcos de seguridad, alumbrado moderno y paraderos seguros, las autoridades estatales y universitarias se posicionaron como las partes responsables que ya están actuando con decisión. El mensaje implícito resulta claro: mientras el gobierno y la Rectoría avanzan en soluciones concretas, el paro indefinido que mantiene tomada la torre de Rectoría y buena parte del Campus Chamilpa aparece cada vez más como el principal obstáculo para el regreso a clases.
Se trata, sin duda, de una decisión de presión política y moral dirigida a los denominados “estudiantes en resistencia”, aunque estos no fueron convocados formalmente a la mesa principal de la firma… aparentemente. Sin embargo, la solución definitiva sigue viéndose distante precisamente porque la Resistencia Estudiantil continúa definiendo los tiempos del conflicto.
En su comunicado del 22 de marzo, el grupo rechazó categóricamente cualquier consenso previo con el plan de seguridad, lo calificó como una decisión unilateral y exigió ser incorporados con voz propia, transparencia total y un calendario verificable de ejecución. Han recibido cartas de garantías de no represalias —incluso una segunda versión con las precisiones que demandaban—, pero mantienen el control físico de los espacios y no han fijado fecha para sentarse a dialogar ni con la Rectoría ni con la Oficina de la Gubernatura.
Esa capacidad de veto de facto les otorga un poder desproporcionado sobre el calendario académico de miles de estudiantes que no participan directamente en la toma. Lo más preocupante es la transformación que se percibe: lo que inició como un legítimo movimiento universitario indignado por los feminicidios de Karol y Kimberly se convirtió, en la práctica, en un grupo de presión clásico dentro de la UAEM.
Organizado, disciplinado e “inmunizado” ante las críticas de medios y la opinión pública, el nuevo grupo de presión de la UAEM prioriza su agenda y su permanencia por encima de una salida negociada pronta. Mantener la lógica del “todo o nada” solo prolonga el daño: rezago académico, desgaste emocional, polarización interna y división evidente entre planteles que al parecer ya levantaron el paro y los que siguen cerrados.
Es hora de que la Resistencia deje atrás los cálculos perniciosos, acepte el diálogo constructivo y priorice el bien común de la comunidad universitaria. De lo contrario, el conflicto se extenderá innecesariamente, y los principales perjudicados serán los miles de jóvenes morelenses que solo quieren volver a clases en un entorno seguro y productivo. La pelota está en su cancha. Están a tiempo de abandonar el anonimato (las capuchas), ser reconocidos como un organismo estudiantil legítimo y con peso específico, y no llegar a servir como punta de lanza de las fuerzas que, al interior de la comunidad universitaria, siempre han sacado raja y ganado canonjías.
