UNA MÁS DE MOTOCICLISTAS, ESTE DOMINGO SOBRE LA AUTOPISTA MÉXICO-CUERNAVACA
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Lunes 16 de marzo de 2026
En un país donde el caos vial parece ser el pan de cada día, los motociclistas en la autopista México-Cuernavaca han elevado la irresponsabilidad a niveles infernales. Este domingo ahí iban, zigzagueando como poseídos entre los autos, ignorando por completo las normas de tránsito y poniendo en riesgo no solo sus vidas, sino las de todos los demás conductores. Se supone que se estaba ejecutando un operativo especial para obligarlos a reducir la velocidad, pero estos demonios sobre ruedas se rieron en la cara de la autoridad, acelerando como si la carretera fuera su pista personal de acrobacias suicidas.
¿Qué clase de arrogancia es esa? Estos moteros no son héroes de película; son un peligro público que merecen multas astronómicas y suspensiones de licencia de por vida. Pero no solo los motociclistas son los villanos de esta tragicomedia.
Por ahí andaban los guardias nacionales y personal de Capufe, aunque solo observando el espectáculo sin hacer absolutamente nada. ¿Para qué sirven estas supuestas fuerzas del orden si permiten que un grupo de irresponsables convierta la autopista en un circuito de muerte?
Es un insulto a la inteligencia colectiva que, en lugar de imponer el respeto a la ley, se queden cruzados de brazos mientras los moteros los humillan. Esto no es un operativo; es una farsa que expone la debilidad crónica de nuestras instituciones viales.
Y hablando de inutilidad, esas autoridades sirven para dos cosas: para nada y lo mismo. Reciben sueldos del erario público para supuestamente velar por la seguridad, pero en la práctica, son meros adornos en el paisaje. ¿Cuántas vidas se habrán perdido por su pasividad?
En lugar de actuar con firmeza, prefieren el camino fácil de la indiferencia, permitiendo que los motociclistas sigan burlando las reglas como si fueran intocables. Es hora de que alguien les exija rendir cuentas, porque su negligencia no solo fomenta el caos, sino que lo perpetúa.
Al final, este incidente en la México-Cuernavaca no es aislado; es el síntoma de un sistema vial roto donde los imprudentes mandan y las autoridades aplauden desde la banca. Si no se toman medidas drásticas contra estos motociclistas endiablados y sus cómplices uniformados, seguiremos contando heridos y muertos en las carreteras. Basta ya de tolerancia con la estupidez; es tiempo de ley dura, castigos reales y una autoridad que, por una vez, demuestre que sirve para algo más que decorar el asfalto.
