Vagones demasiado largos e incompatibles con curvas cerradas: ¿la causa oculta del descarrilamiento del Tren Interoceánico?
La versión oficial de la Fiscalía General de la República (FGR) atribuye el accidente del 28 de diciembre de 2025 en Oaxaca principalmente al exceso de velocidad: el tren circulaba a 65 km/h en una curva donde el límite era de 50 km/h, y en rectas alcanzó hasta 111 km/h (contra 70 km/h permitidos). No se reportaron fallas mecánicas evidentes en frenos o equipo, y la responsabilidad recae en el maquinista y posiblemente el despachador.
Sin embargo, expertos independientes como el ingeniero civil Eduardo Ramírez Cato cuestionan esta explicación única. Argumentan que los vagones de pasajeros (modelos Budd o similares, adquiridos usados en Estados Unidos, de los años 50-70) miden alrededor de 26 metros de largo, superando la longitud típica de las locomotoras (18-21 metros). Esta dimensión excesiva resulta incompatible con las curvas cerradas del tramo Nizanda-Chivela, donde los radios son reducidos (a menudo menores a 300 metros, con grados de curvatura altos).
Según estos análisis, los vagones antiguos generan mayor rigidez y fuerzas laterales en curvas pronunciadas, aumentando el riesgo de descarrilamiento, especialmente combinado con peso, descenso topográfico y vías rehabilitadas con materiales usados o inadecuados (rieles de menor peso, balasto fuera de norma, durmientes mixtos viejos y nuevos). Sobrevivientes describieron sentir que “le ganó el peso” al tren en una curva casi en forma de U.
Críticos señalan una “cadena de omisiones”: vías sin rediseño completo para el material rodante moderno/antiguo, falta de sistemas automáticos de control, ausencia de estudios previos de compatibilidad y equipo con más de 40-60 años de antigüedad (superando estándares recomendados).
Aunque la FGR no lo reconoce como factor principal, el debate persiste entre medios y especialistas, quienes piden una investigación más amplia que incluya fallas estructurales y de diseño, más allá del factor humano.
