PSICÓLOGOS EN LAS ESCUELAS: LA CLAVE PARA DETECTAR A TIEMPO EL TRASTORNO DE PERSONALIDAD ANTISOCIAL
OPINIÓN
Por Guillermo Cinta Flores
Martes 19 de mayo de 2026
La diputada Luz Dary Quevedo Maldonado, de Movimiento Ciudadano, ha presentado una iniciativa clave en el Congreso de Morelos: reformar la Ley de Educación del Estado para incorporar psicólogos en las escuelas de educación básica. Esta medida busca detectar y atender de forma temprana problemas emocionales y conductuales en niños y adolescentes que, de no ser tratados, pueden evolucionar hacia trastornos graves como la personalidad antisocial o psicopatía.
Cuando se analizan las circunstancias que empujan a miles de jóvenes a la delincuencia común y luego al crimen organizado, se identifica un patrón claro: dificultades para relacionarse socialmente, sentimientos de inferioridad, temores, depresión, frustración y una profunda sensación de incertidumbre. Cualquier semejanza con la conducta de muchos niños y jóvenes que vemos a diario no es coincidencia, sino el reflejo de una realidad que se agravó en las últimas décadas sin medidas preventivas suficientes.
El fenómeno creció hasta niveles alarmantes dentro de un caldo de cultivo que las bandas delincuenciales han sabido explotar. Aunque afecta a ambos sexos, la delincuencia masculina inicia desde muy temprano, con conductas problemáticas desde los ocho años y un pico entre los 16 y 17 años. En Morelos, hemos visto infinidad de niños y adolescentes reclutados por grupos criminales.
Bajo una interpretación psicológica rigurosa, este flagelo se encuadra frecuentemente en el trastorno de personalidad antisocial, un síndrome caracterizado por el desprecio permanente y la violación de los derechos de los demás. Este trastorno inicia en la niñez o adolescencia temprana y continúa en la adultez, con engaño y manipulación como rasgos centrales.
Los criterios diagnósticos incluyen: 1) incumplimiento de normas sociales y conductas delictivas; 2) deshonestidad recurrente y estafas; 3) impulsividad y falta de planificación; 4) irritabilidad y agresividad física; 5) desprecio temerario por la seguridad propia y ajena; 6) irresponsabilidad persistente en trabajo u obligaciones; y 7) ausencia de remordimiento ante el daño causado a otros.
Según datos del Instituto Nacional Electoral (INE) de la Consulta Infantil y Juvenil 2018, 45 mil 978 niños y jóvenes entre 10 y 17 años fueron obligados a participar en grupos de delincuencia, mientras que 204 mil 250 admitieron haber participado en actos violentos. Además, 40 mil 381 reconocieron haber sufrido violencia sexual.
Muchos casos de acoso escolar o bullying son manifestaciones tempranas de este trastorno de la conducta antisocial, que surge en la niñez, se intensifica en la adolescencia y persiste en la edad adulta si no se interviene.
La propuesta de la diputada Quevedo cobra especial relevancia porque permitiría la detección temprana en el entorno escolar, donde estos signos suelen ser más visibles. Contar con psicólogos facilitaría intervenciones preventivas antes de que las conductas disruptivas se consoliden en patrones delictivos.
Este trastorno suele presentar comorbilidad con trastornos de ansiedad, depresivos, relacionados con sustancias, somatización, juego patológico y otros trastornos de la personalidad como el límite, histriónico y narcisista, lo que complica aún más el panorama si no se atiende a tiempo.
La iniciativa representa un avance necesario en políticas públicas. No podemos seguir esperando a que los jóvenes lleguen al sistema penal; es urgente actuar desde la escuela para fortalecer la salud mental infantil y juvenil, rompiendo el ciclo que alimenta la violencia y el crimen organizado en Morelos y en el país.
