Quince años después, la “narco libreta” sigue abierta en Morelos
Como todo tiene precedentes, es importante recordar lo que sucedió el 19 de enero de 2011 en Zacatepec. Durante un operativo contra la célula de Edgar Valdez Villarreal, “La Barbie” (entonces al servicio de los Beltrán Leyva), el Ejército encontró la libreta que registraba las cuotas mensuales entregadas a presidentes municipales del sur de Morelos —Tlaltizapán, Tlaquiltenango, Zacatepec, Jojutla, Puente de Ixtla, Coatlán del Río y Amacuzac— y a numerosos mandos y elementos de seguridad pública.
Ese documento, posteriormente conocido como la “narcolibreta”, no fue un incidente aislado: fue la radiografía de una podredumbre sistémica que presagiaba la ola de violencia que azotó la región sur y sur-poniente y que, a pesar de los operativos y los discursos, nunca ha sido erradicada por completo.
Hoy, en mayo de 2026, el Operativo Enjambre ha vuelto a desnudar la misma realidad. Detenciones de alcaldes en funciones y exalcaldes, funcionarios de Cuautla y Atlatlahucan, junto con decenas de servidores públicos más, confirman que la colusión entre autoridades locales y el crimen organizado —ahora bajo la modalidad de extorsión sistemática— sigue siendo estructural.
Lo ocurrido no es nada nuevo en esta entidad. Fuera máscaras: Morelos arrastra una larga tradición de narco-poder local donde el que gobierna muchas veces termina cobrando “derecho de piso” o protegiendo a quien lo paga.
El gobierno federal, a través de la Estrategia Nacional contra la Extorsión, ha dado un golpe visible. Capturas, bloqueos de cuentas y órdenes de aprehensión contra presidentes municipales y policías hablan de una voluntad de ir más allá del discurso. Sin embargo, lo que falta es la profundidad y la continuidad. ¿Va en serio por todos?
Porque si el Enjambre se detiene en unos cuantos alcaldes y no toca la red completa —financiadores, protectores de mayor rango, jueces complacientes y empresarios coludidos—, solo estaremos repitiendo el ciclo de 2011: un escándalo, algunos detenidos y, al poco tiempo, la misma libreta con nuevos nombres y las mismas prácticas.
La verdadera prueba no está en las detenciones mediáticas de hoy, sino en si mañana se limpian los ayuntamientos de arriba abajo, se depuran las corporaciones policiacas municipales sin excepciones y se castiga sin miramientos a quien, desde el poder, vendió la tranquilidad de los morelenses.
Mientras eso no ocurra, la “narco libreta” seguirá siendo un documento vigente, actualizado cada sexenio, que demuestra que en Morelos el verdadero operativo pendiente es el de la honestidad institucional.
