LA LECCIÓN DE TENANCINGO: CANDIDATOS DEBEN SOMETERSE A ESCRUTINIO TOTAL
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Viernes 19 de junio de 2026
El escándalo de la alcaldesa morenista de Tenancingo (Estado de México), Nancy Nápoles Pacheco, quien simuló su propio secuestro para encubrir un presunto desfalco de 40 millones de pesos, no es un incidente aislado. Es la radiografía de un problema estructural: la impunidad y la falta de filtros serios permiten que personas con graves problemas éticos, emocionales o delictivos lleguen a cargos de poder.
Este caso demuestra cómo la simulación, la mentira y la complicidad familiar pueden orquestarse desde el gobierno municipal para robar al erario. Si no actuamos con contundencia, seguiremos viendo cómo recursos públicos desaparecen mientras la ciudadanía paga las consecuencias.
Por ello, urge que los partidos —Morena incluido, pero también el resto— implementen investigaciones exhaustivas sobre posibles vínculos de sus candidatos con grupos criminales.
No basta con revisar antecedentes penales superficiales; se requieren cruces de información con inteligencia financiera, análisis de patrimonios inexplicables y colaboración efectiva con fiscalías. La sociedad mexicana ya no puede permitirse sorpresas como esta: alcaldesas que fingen secuestros, funcionarios que simulan amenazas o líderes que operan con agendas ocultas. La infiltración del crimen organizado en las instituciones es una amenaza real que erosiona la democracia desde dentro.
Pero no es suficiente con revisar conexiones delictivas. Los candidatos deberían someterse a rigurosos exámenes psicométricos y de capacidad cognitiva y emocional que evalúen su estabilidad, su tolerancia a la presión y su propensión a la corrupción. Pruebas antidoping permanentes, polígrafo aplicado por expertos independientes y evaluaciones especializadas para detectar patrones de mentira patológica o narcisismo desmedido son herramientas técnicas disponibles que hoy se usan en empresas serias y en algunos cuerpos de seguridad. ¿Por qué un cargo público, que maneja millones y decisiones que afectan vidas, merece menos exigencia que un puesto gerencial en una compañía privada?
Exigir estos filtros no es autoritarismo ni desconfianza generalizada: es mínimo sentido común y responsabilidad democrática.
La clase política mexicana debe entender que el poder no es un botín, sino una responsabilidad que requiere perfiles probados.
Si seguimos eligiendo a vivillos creativos sin controles reales, seguiremos lamentando casos como el de Tenancingo (esto lo hemos padecido durante décadas en Morelos). La ciudadanía tiene derecho a candidatos que no solo prometan, sino que estén psicológica, éticamente y legalmente aptos para gobernar. Es hora de elevar el estándar o seguir pagando el precio de la mediocridad y la deshonestidad.
