Consumatum est: Las promesas rotas del transporte en Morelos
Consumatum est. Se consumó el incremento tarifario en el transporte público de Morelos, ese ajuste que los permisionarios y las autoridades de Movilidad y Transporte vendieron como necesario para modernizar el servicio.
Desde hace un buen tiempo se prometió que el aumento —de 10 a 13 pesos a partir del 1 de julio— vendría acompañado de unidades nuevas o al menos dignas, el retiro masivo de chatarras y un cambio real en la calidad del servicio. Hoy, al entrar en vigor, las calles siguen llenas de vehículos oxidados, con asientos rotos, y con choferes que parecen ignorar cualquier norma básica de cortesía.
La película es la misma de siempre: se sube la tarifa primero y las mejoras, si llegan, serán graduales, lentas y siempre sujetas a “dificultades”.
Los permisionarios mintieron al comprometerse con la renovación del parque vehicular como condición indispensable para el tarifazo. Hace años ya habían prometido lo mismo y no cumplieron; ahora repiten el libreto con unidades eléctricas o híbridas que, según sus propios líderes, “no son viables” para el servicio real.
Mientras tanto, siguen circulando decenas de chatarras que superan con creces su vida útil, contaminando, poniendo en riesgo a los usuarios y cobrando más por el mismo maltrato de siempre. La tolerancia de las autoridades es cómplice: operativos selectivos, sanciones mínimas y un discurso oficial que defiende el “acuerdo” sin exigir resultados concretos ni plazos estrictos.
La Coordinación General de Movilidad y Transporte ha fallado en su rol de regulador. En lugar de imponer el retiro inmediato de unidades inservibles y fiscalizar el uso del nuevo ingreso tarifario, opta por la complicidad pasiva. Se anuncian retiros de “15% de las rutas” o sanciones simbólicas, pero la realidad diaria es otra: usuarios apretados en latas rodantes, paraderos abandonados y quejas que se acumulan sin respuesta.
Esta película ya la vimos en incrementos anteriores: promesas grandilocuentes, fotos de unas cuantas unidades “modernizadas” para la prensa y luego el olvido hasta el próximo ajuste.
Mientras los morelenses pagan más por un servicio que sigue siendo deficiente, permisionarios y autoridades se lavan las manos mutuamente. Consumatum est para los usuarios: se acabó la esperanza de un transporte digno sin que medie una verdadera fiscalización y sanciones reales. Las promesas rotas no se pagan con discursos; se pagan con viajes diarios en condiciones indignas.
Es hora de que la ciudadanía exija cuentas claras y plazos inamovibles, porque sin presión real, esta historia se repetirá una y otra vez.
