LA CORTINA DE HUMO DE LA SOBERANÍA: EL CASO DE “EL MAYO” Y LOS PROBLEMAS REALES DE MÉXICO
LA CRÓNICA DE MORELOS
Martes 07 de julio de 2026
E D I T O R I A L
El 25 de julio de 2024, Ismael “El Mayo” Zambada fue trasladado a territorio estadounidense tras ser capturado en un aeropuerto de El Paso, Texas, en un operativo que involucró a Joaquín Guzmán López.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha dedicado atención sostenida a este episodio, exigiendo explicaciones a Washington, cuestionando supuestas injerencias del FBI y defendiendo la soberanía nacional frente a lo que presenta como una narrativa de protección estadounidense a los cárteles.
Esta postura, aunque envuelta en un discurso patriótico, funciona como una cortina de humo que desplaza el foco de los graves problemas estructurales que afectan a millones de mexicanos.
El relato oficial soslaya un hecho fundamental: el gobierno de Estados Unidos ha designado formalmente al Cártel de Sinaloa y a otras organizaciones similares como organizaciones terroristas extranjeras. Estos grupos no solo trafican drogas hacia el norte; en territorio mexicano han sembrado terror durante décadas, con masacres, extorsiones sistemáticas, desplazamientos forzados y miles de asesinatos. Ignorar esta realidad para centrarse exclusivamente en posibles “injerencias” extranjeras debilita la capacidad de México de enfrentar con claridad a quienes, dentro de sus fronteras, ejercen un control paralelo al Estado y generan violencia que el discurso soberanista no resuelve.
Frente a esta narrativa, se estrellan los problemas cotidianos que golpean a la población. La inseguridad persiste como una de las principales preocupaciones ciudadanas, con transformaciones en las dinámicas delictivas que incluyen mayor extorsión, violencia familiar y narcomenudeo, a pesar de las cifras oficiales de reducción de homicidios. A ello se suman el alto costo de la vida, la falta de dinero en los bolsillos de las familias, el crecimiento del desempleo o subempleo en sectores formales, la pérdida de espacios laborales por informalidad estructural y la vulnerabilidad de la propia figura presidencial ante los riesgos del crimen organizado. Estos factores erosionan el tejido social y económico más allá de cualquier declaración sobre soberanía.
México necesita que sus autoridades prioricen soluciones internas concretas —estrategias integrales de seguridad, reactivación productiva real y combate frontal a la impunidad— en lugar de refugiarse en narrativas que, aunque cómodas políticamente, postergan la atención a las causas profundas de la crisis. Solo así la soberanía dejará de ser un escudo retórico y se convertirá en una realidad tangible para los ciudadanos.
