EL AYUNTAMIENTO DE CUERNAVACA YA NO MANDA EN SU PROPIA PLAZA: EL NGS LE QUITÓ LA SILLA Y LO SENTÓ DE OYENTE

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Martes 4 de agosto de 2026
El espacio público no es de nadie y, por eso mismo, es de todos. Calles, banquetas, plazas y portales del Centro Histórico de Cuernavaca no son el patio trasero de un particular ni el inventário de una organización. Son el territorio donde la autoridad —elegida y pagada con impuestos— debe imponer el orden, la seguridad y el derecho de circulación de cualquier ciudadano. El espacio privado, en cambio, es otro cantar: ahí el dueño decide. Confundir ambas categorías es el primer síntoma de que el Estado ha abdicado.
Esa confusión lleva décadas. Décadas enteras. Gobiernos municipales de todos los colores han preferido el clientelismo y la corrupción antes que aplicar la ley. Cada alcalde llegó prometiendo “ordenar el ambulantaje” y salió repartiendo permisos, cobrando cuotas o mirando hacia otro lado mientras el centro se convertía en un tianguis permanente que asfixia comercios formales, espanta turismo y convierte la movilidad en un obstáculo diario.
El problema no es nuevo; lo nuevo es que ya ni siquiera pretenden disimular quién manda. Benhur Hernández Bringas, dirigente del Nuevo Grupo Sindical (NGS), lo dijo este lunes sin anestesia: cualquier reubicación, reacomodo o normatividad sobre comerciantes ambulantes y semifijos se aplicará bajo los lineamientos que ellos propongan. No es una propuesta de diálogo. Es un ultimátum.
El mensaje es cristalino: el Ayuntamiento y hasta el gobierno estatal pueden opinar, pero la decisión final la toman ellos. Aquí no truenan los chicharrones del erario; truenan los del poderoso grupo sindical.
Se nota de qué lado masca la iguana. Cuando una organización de comerciantes impone las condiciones y la autoridad se limita a “respetarlas”, el poder real ya cambió de manos. El gobierno municipal no está negociando una política pública; está pidiendo permiso para administrar lo que por ley le corresponde. El NGS no está defendiendo derechos laborales; está ejerciendo un veto de facto sobre el uso del espacio público.
Mientras los alcaldes sucesivos cultivaron el clientelismo —votos a cambio de tolerancia—, las organizaciones crecieron, se profesionalizaron y ahora dictan la agenda. El resultado es previsible: el Centro Histórico sigue secuestrado por un esquema de poder paralelo que ningún gobierno ha tenido el valor de desmantelar. Y mientras la autoridad siga aceptando que “ellos deciden cómo se aplica la normatividad”, la plaza seguirá siendo de quien la ocupa, no de quien la administra.
El espacio público se recuperará el día que un gobierno deje de mendigar consenso a quienes lo privatizaron de facto. Hasta entonces, el Ayuntamiento de Cuernavaca puede seguir sentado en la silla del poder… siempre y cuando el NGS le permita ocuparla.
