CUERNAVACA MIRA AL SOL: UNA DECISIÓN PARA LOS PRÓXIMOS 20 AÑOS

CINTARAZOS
Guillermo Cinta Flores
Viernes 18 de septiembre de 2026
Hay decisiones de gobierno cuyos efectos terminan junto con la administración que las tomó y existen otras que comprometen el futuro durante décadas. El proyecto aprobado ayer por el Cabildo de Cuernavaca para avanzar hacia un esquema de generación de energía solar destinado al Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de Cuernavaca pertenece claramente al segundo grupo. Estamos hablando de hasta 39 mil 568 paneles fotovoltaicos, una capacidad potencial de 24.33 megawatts pico, 104 instalaciones del SAPAC y un horizonte contractual que podría alcanzar 20 años. No es poca cosa.
El problema que pretende atacarse tampoco lo es. SAPAC paga actualmente alrededor de 12 millones de pesos mensuales a la Comisión Federal de Electricidad. Son aproximadamente 144 millones al año solamente por electricidad, una cantidad enorme para un organismo que durante años ha cargado problemas financieros, infraestructura envejecida y dificultades para mantener regularmente el abastecimiento. Si las estimaciones presentadas se cumplen y la energía solar permite disminuir entre 30 y 40 por ciento ese gasto, estaríamos hablando de economías de tres a cuatro millones de pesos mensuales. Multipliquemos eso por años y comprenderemos la dimensión de lo que se está poniendo sobre la mesa.
Pero existe otra cuestión todavía más importante que el ahorro: el agua. Los habitantes de Cuernavaca conocen perfectamente lo que sucede cuando un pozo deja de funcionar. Colonias enteras pueden quedarse sin suministro y, en diversas ocasiones, los conflictos económicos entre SAPAC y CFE han terminado repercutiendo sobre quienes nada tienen que ver con ellos: los ciudadanos. Un sistema energético capaz de reducir esa dependencia significaría atacar uno de los puntos vulnerables de la infraestructura hidráulica de la capital. Y si además proporciona mayor continuidad al bombeo, el beneficio potencial adquiere una dimensión social mucho mayor que el simple ahorro en el recibo eléctrico.
La idea tampoco surge de la nada. En distintas partes del país existen experiencias de utilización de energía fotovoltaica para sistemas de agua potable, entre ellas proyectos desarrollados en Toluca, Estado de México; La Paz y Comondú, Baja California Sur; Tepeaca, Puebla, y Río Grande, Zacatecas. Las características y dimensiones son diferentes y sería incorrecto presentarlas como copias exactas de lo que pretende hacerse aquí. Pero demuestran algo importante: utilizar el sol para disminuir el enorme consumo eléctrico requerido para extraer y bombear agua dejó hace tiempo de ser una ocurrencia futurista.
En Cuernavaca el tamaño del proyecto obliga, sin embargo, a colocar una lupa gigantesca sobre cada etapa. El Cabildo encabezado por José Luis Urióstegui Salgado autorizó que SAPAC continúe con la instrumentación del proyecto de Asociación Público-Privada denominado Eficiencia energética por medio de paneles solares. Esto debe quedar perfectamente claro: ayer no se entregó el negocio a determinada compañía, no se adjudicó un contrato ni apareció mágicamente un concesionario para los próximos 20 años. Lo autorizado es continuar el procedimiento que eventualmente podría desembocar en una licitación pública nacional.
Y aquí comienza quizá la parte más delicada. Veinte años significan que por el proyecto pasarán varios presidentes municipales, distintas integraciones del Cabildo y probablemente gobiernos emanados de diferentes partidos políticos. La administración de Urióstegui terminará, pero las obligaciones que eventualmente se contraten seguirán vivas. Precisamente por ello el asunto tendrá que llegar al Congreso del Estado de Morelos. Los diputados deberán revisar algo mucho más trascendente que la conveniencia política del momento: cuánto costará realmente el proyecto, cuáles serán las obligaciones financieras de SAPAC, qué garantías ofrecerá el particular y qué recibirá finalmente la ciudad. En la sesión de Cabildo de ayer se indicó que la compañía ganadora de la posible licitación garantizaría el pago de la deuda municipal con la CFE, que asciende a alrededor de 72 millones de pesos, e invertiría alrededor de 720 millones de pesos, con acuerdos con la propia CFE para utilizar su infraestructura. El SAPAC contrataría el suministro de la electricidad, a menor costo mensual. La empresa ganadora deberá construir, además, una planta para colocar los paneles solares. Se habla extraoficialmente de un predio en Xochitepec.
Hay preguntas que deberán contestarse antes de colocar el primer panel. ¿Cuánto pagará SAPAC durante los 20 años? ¿Cuál será el costo efectivo de la energía generada? ¿Quién pagará mantenimiento, reparaciones y sustitución de equipos? ¿Qué sucederá cuando disminuya la eficiencia de los paneles? ¿Quién será propietario de toda esa infraestructura al terminar el contrato? ¿Existirán penalizaciones si no se alcanzan los ahorros prometidos? Y una particularmente importante: ¿el sistema garantizará físicamente que los pozos sigan bombeando cuando exista una interrupción de la red eléctrica convencional? Son preguntas técnicas y financieras, no argumentos para descalificar anticipadamente el proyecto.
También habrá que observar con enorme atención la futura licitación pública nacional. Si el proyecto resulta tan atractivo como parece sobre el papel, deberá existir competencia suficiente para obtener las mejores condiciones para Cuernavaca. Ahí estarán bajo escrutinio las bases, requisitos técnicos, empresas participantes, propuestas económicas, experiencia de los concursantes y finalmente el fallo. Una Asociación Público-Privada puede permitir desarrollar infraestructura que difícilmente podría financiarse de golpe con recursos municipales, pero el dinero privado tampoco es gratuito: quien invierte busca legítimamente recuperar su capital y obtener una utilidad. Lo fundamental será conocer cuánto terminará pagando la ciudad por ello.
Hay además una oportunidad histórica para SAPAC. Si realmente consigue ahorrar tres o cuatro millones de pesos cada mes, la pregunta siguiente deberá plantearse desde ahora: ¿qué se hará con esos recursos? El ahorro solamente tendrá sentido para el ciudadano si termina convertido en mejores redes, reparación de fugas, modernización de equipos, mantenimiento de pozos, saneamiento financiero y, sobre todo, agua llegando con mayor regularidad a los hogares. Sería absurdo conseguir energía más barata para conservar exactamente las mismas deficiencias. La eficiencia energética tendría que convertirse en eficiencia hidráulica.
Cuernavaca dispone de un recurso que recibe gratuitamente prácticamente todos los días: el sol. Aprovecharlo para mover una parte sustancial de la infraestructura que lleva agua a cientos de miles de habitantes parece, en principio, una alternativa que merece ser estudiada seriamente. Pero precisamente porque estamos ante un proyecto que podría marcar a la ciudad durante dos décadas, deberá construirse con absoluta transparencia, números comprobables, vigilancia pública y garantías jurídicas. Ahora la pelota avanzará hacia otras canchas y una de las más importantes será el Congreso de Morelos. El verdadero desafío no consiste solamente en llenar Cuernavaca de paneles solares; consiste en conseguir que durante los próximos 20 años esos paneles se traduzcan en agua, ahorro y estabilidad para una ciudad que lleva demasiado tiempo padeciendo por los tres.
