LA ESCUELA QUE SE ADAPTA A LA VIDA, NO AL CONTRARIO

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Miércoles 5 de agosto de 2026
Hay una verdad incómoda que pocos gobiernos se atreven a mirar de frente: miles de morelenses no abandonaron la preparatoria por falta de ganas, sino porque la vida les exigió trabajar, cuidar a alguien o simplemente sobrevivir. El sistema escolarizado tradicional, rígido y de tres años, les cerró la puerta.
Por eso, cuando este martes la secretaria de Educación, Karla Aline Herrera Alonso, puso en marcha la Prepa-Icatmor “Yolia” en Acatlipa, Temixco, no se trató de otra inauguración más. Se trató de reconocer, por fin, que la educación debe adaptarse a las personas y no al revés.
La fórmula es sencilla y, por eso mismo, potente. En ocho meses, 60 estudiantes de la primera generación podrán concluir el bachillerato a través de la Coordinación Estatal del Subsistema de Preparatoria Abierta, mientras reciben capacitación técnica laboral del Icatmor. No es un atajo. Es una ruta realista: formación académica accesible más habilidades concretas para el trabajo.
El director de la CESPA, Javier Bahena Cárdenas, lo dijo con claridad: este esquema responde a quienes, por distintas circunstancias, no pudieron seguir el camino convencional. Y Verónica Morales Hernández, del Icatmor, subrayó lo esencial: la suma de esfuerzos acerca oportunidades a más comunidades.
En un estado donde todavía hay rezago educativo y donde muchos jóvenes y adultos necesitan insertarse cuanto antes en la actividad productiva, este modelo no es un lujo ni un experimento ideológico. Es una respuesta pragmática. Flexibilidad de horarios, acompañamiento docente, posibilidad de cualquier edad y, sobre todo, la combinación de título con oficio. Eso es lo que permite que alguien termine la preparatoria y al mismo tiempo salga con herramientas para trabajar o seguir estudiando. Sergio Ochoa Luna, ayudante municipal de Acatlipa, lo resumió sin adornos: cuando una comunidad abre las puertas a la educación, abre también las del progreso.
La gobernadora Margarita González Saravia ha puesto el acento en que “no importa la edad” para quien quiera seguir formándose. Esa frase no es retórica. Es la base de un programa que entiende que el tiempo perdido no se recupera con discursos, sino con opciones concretas y cercanas.
Prepa-Icatmor no pretende resolver de un golpe todos los problemas educativos de Morelos, pero sí ofrece una salida viable a quienes el sistema tradicional dejó atrás. Porque al final, la verdadera calidad de una política educativa no se mide solo por el número de diplomas entregados, sino por cuántas personas logran, gracias a ella, mejorar su vida y la de su familia.
En Acatlipa acaban de dar un paso en esa dirección. Ojalá no se quede en un piloto aislado. Morelos necesita más escuelas que se adapten a la vida real de su gente.
