CUANDO EL VENENO SE ESFUMA, LAS ALIMAÑAS REGRESAN CON MÁS HAMBRE
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Martes 11 de agosto de 2026
El Operativo “Máxima Presencia” llegó a Cuernavaca como una caravana de promesas rodantes: vehículos de la SEPRAC, seguidos de la Guardia Nacional y, en algunos tramos, de la Secretaría de la Defensa Nacional. Durante unos días las calles se llenaron de uniformes y luces, se inspeccionaron motos, personas y vehículos, y las autoridades anunciaron con bombo y platillo que la seguridad se reforzaba.
Los morelenses, y en especial los cuernavacenses, ya conocemos el libreto. No es la primera vez que aparece este despliegue interinstitucional y, como siempre, su duración fue tan breve como un anuncio electoral.
Apenas se retiraron las patrullas y los convoy, la ciudad volvió a su ritmo habitual. Ya no se ven las caravanas que, según los comunicados oficiales, debían inhibir delitos y generar proximidad ciudadana. Lo que queda es la misma sensación de siempre: un alivio temporal que se evapora tan pronto como se desvanecen los uniformes.
La seguridad no puede ser un show de fin de semana ni un operativo de “máxima presencia” que dura lo que tarda en salir la foto para las redes sociales.
La comparación es inevitable y dolorosa. Es exactamente como cuando el exterminador de plagas llega a casa, aplica su producto y se va. Mientras el veneno hace efecto, las ratas y las cucarachas se esconden. Pero apenas pasa el tiempo y el químico pierde potencia, reaparecen con mayor ferocidad, más adaptadas, más audaces y, a veces, en mayor número. Así ocurre con la delincuencia en Morelos: los operativos esporádicos no erradican el problema, solo lo aplazan. Y cuando el efecto se agota, la violencia y el delito regresan con más fuerza, aprovechando el vacío que dejan las autoridades.
Cuernavaca y Morelos no necesitan más caravanas de un día ni más boletines triunfalistas. Necesitan presencia permanente, inteligencia real, investigación efectiva y una estrategia que no se limite a patrullar avenidas principales mientras las colonias siguen desprotegidas.
Mientras los operativos sigan siendo tan temporales como el insecticida de un exterminador improvisado, las alimañas seguirán saliendo de sus madrigueras. Y cada vez más bravas.
