EL QUE LLEGA TARDE, ATRÁS SE QUEDA: URIÓSTEGUI Y SU FONDO DE APARIENCIAS EN LAS GRANJAS
LA CRÓNICA DE MORELOS
Martes 11 de agosto de 2026
E D I T O R I A L
La deflagración del 6 de agosto en la colonia Las Granjas de Cuernavaca, provocada por una fuga de gas LP de una pipa de Tomza-Gas Titanium, dejó más de 20 lesionados, decenas de viviendas dañadas (varias inhabitables) y un barrio herido. Mientras los cuerpos de emergencia municipales y estatales actuaban de inmediato —bomberos, Protección Civil estatal y policía acordonaron la zona, atendieron heridos y evaluaron daños—, el alcalde José Luis Urióstegui Salgado permanecía en China en una gira de 10 días autorizada por el Cabildo y cubierta “con recursos personales”. No suspendió el viaje. Solo el 10 de agosto, cuando la emergencia ya estaba controlada y el gobierno estatal llevaba días con un módulo de atención ciudadana, el edil reapareció a inspeccionar los escombros.
En política, quien llega tarde a una crisis de esta magnitud no solo pierde el momento: se queda atrás.
En este delicado tema, el Ayuntamiento tiene responsabilidades claras. Como presidente del Consejo Municipal de Protección Civil, el alcalde es el máximo responsable de coordinar la respuesta local ante desastres y de solicitar, si hace falta, declaratorias o recursos superiores. La estructura operó sin él (síndica y secretarios asumieron), pero la ausencia del titular durante la contingencia y los días críticos posteriores generó un vacío de liderazgo político y simbólico que la ciudadanía percibió como abandono. La empresa gasera enfrenta procedimientos administrativos de Protección Civil estatal y denuncias penales por daños y lesiones; la Fiscalía investiga causas y responsabilidades.
Sin embargo, el municipio no se libera: debió garantizar una respuesta visible, ágil y humana desde el primer día, y el regreso tardío del alcalde alimenta la sospecha de que priorizó la agenda internacional sobre la tragedia local. Existen bases para posibles responsabilidades administrativas y políticas, como exige la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos y la normativa de Protección Civil de Morelos, si se acredita omisión o retraso en el cumplimiento de funciones de autoridad.
Ahora Urióstegui busca resarcir la imagen anunciando que el Cabildo analiza activar el fondo municipal de desastres (ese mismo que ya se publicitaba para lluvias). Es un gesto necesario, pero llega como maquillaje: el gobierno estatal ya avanzaba con atención integral, censos, apoyo psicológico y presión a la gasera. El fondo municipal no borra los cinco días de ausencia ni el contraste con la velocidad estatal. Los damnificados necesitan certezas, no apariencias; reconstrucción, no discursos de “alternativas”.
Si el Ayuntamiento actúa solo para no quedarse atrás, confirma que la política de Urióstegui prioriza la foto sobre la presencia real. Es un personaje bastante inclinado al lucimiento mediático.
Empero, la mera neta es esta: un alcalde no puede viajar al otro lado del mundo mientras su ciudad arde y pretender que el cargo se suspende solo para él. Las responsabilidades no se toman vacaciones. Cuernavaca merecía un jefe de gobierno en el terreno desde el minuto uno, no un visitante que regresa a ofrecer un fondo cuando el daño ya está hecho y la opinión pública ya emitió su veredicto. Quien llega tarde, así se queda.
