EL VERDADERO PODER EN EL GABINETE DE MARGARITA: ¿QUIÉN TIENE LA LLAVE DE LA PUERTA?
OPINIÓN
Por Guillermo Cinta Flores
Jueves 13 de agosto de 2026
En la arquitectura del gobierno de Morelos, rediseñada con la Ley Orgánica de la Administración Pública que entró en vigor el 3 de octubre de 2025, tres piezas concentran el mayor peso del Poder Ejecutivo… después de la gobernadora Margarita González Saravia.
No son las más mediáticas ni las que más fotos generan, pero sí las que deciden el ritmo, el dinero y la dirección del Estado. Me refiero a la Jefatura de la Oficina de la Gubernatura, a cargo de Héctor Javier García Chávez; la Secretaría de Gobierno, cuyo titular es Edgar Antonio Maldonado Ceballos; y la Secretaría de Administración y Finanzas, encabezada por Jorge Salazar Acosta.
Analizar sus facultades no es un ejercicio burocrático: es entender quién realmente mueve los hilos en el gabinete de Margarita González Saravia.
La Jefatura de la Oficina de la Gubernatura es, por diseño, el cerebro coordinador. Su titular no solo acompaña a la gobernadora en las reuniones de gabinete; prepara la agenda, elabora las minutas, da seguimiento a los acuerdos y filtra las audiencias prioritarias. Es el conducto oficial para presentar iniciativas al Congreso y el encargado de identificar y empujar los proyectos que la propia gobernadora considera prioritarios para el desarrollo económico y social. Controla la comunicación institucional, las redes sociales del Estado y, sobre todo, la transformación digital: el acceso universal a internet, los trámites en línea, la llave digital única y la gobernanza de datos.
En un gobierno que se vende como cercano y moderno, la Oficina de la Gubernatura decide cómo se habla con la ciudadanía y cómo se simplifica (o se complica) su relación con el Estado. Su poder es el de la visión de conjunto y el de la cercanía cotidiana. Javier García Chávez es, de hecho, el funcionario de la mayor confianza concedida por Margarita González Saravia.
La Secretaría de Gobierno sigue siendo el músculo político. Conduce la política interior, gestiona las relaciones con los municipios, preserva los límites territoriales y otorga licencias y permisos que no están reservados a otras dependencias. Tiene a su cargo la protección de periodistas y defensores de derechos humanos, así como el sistema de atención a víctimas. Es el área que apaga incendios (hablo de los conflictos sociales y políticos que pudieran alterar la gobernabilidad del estado), negocia con alcaldes y mantiene la cohesión territorial.
El peso social de esta dependencia es enorme: de ella depende, en buena medida, que el Estado no se desborde por conflictos políticos o por la falta de interlocución con los gobiernos locales. Sin un Secretario de Gobierno eficaz, la gobernabilidad se resiente rápido… como ha sucedido en ciertos casos, donde el Poder Ejecutivo ha intervenido de manera contingente.
La Secretaría de Administración y Finanzas, fruto de la fusión de las antiguas áreas de Hacienda y Administración, es el poder del dinero. Propone la política hacendaria, elabora la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos, recauda, administra los recursos humanos y materiales, y controla el gasto de toda la administración centralizada. Aquí se decide qué programas se financian y cuáles se quedan en el discurso. Sin presupuesto no hay política social, no hay obra pública y no hay transformación digital que valga. Su poder es estructural: puede potenciar o asfixiar a cualquier otra dependencia.
En la política mexicana siempre se ha sabido que quien controla el presupuesto controla el poder real. Basta recordar cómo la Comisión de Hacienda y Cuenta Pública de la Cámara de Diputados federal se convirtió durante décadas en un verdadero santuario de la negociación: ahí desfilaban gobernadores, secretarios de Estado y una legión de funcionarios en busca de ampliaciones, reasignaciones o simplemente de no quedar fuera del reparto. Ese mismo principio opera hoy en Morelos. La Secretaría de Administración y Finanzas no solo elabora números; concentra la capacidad de decidir quién recibe y quién se queda esperando, convirtiéndose en el equivalente local de aquel poderoso filtro federal.
¿Quién tiene más poder?
Depende de cómo se mida. Si se habla de recursos, gana Administración y Finanzas. Si se habla de estabilidad política y relación con los municipios, gana Gobierno. Pero si se mide la capacidad de articular, de alinear al gabinete y de traducir la voluntad de la gobernadora en acción cotidiana, la Jefatura de la Oficina de la Gubernatura se impone. Es el único que tiene visión transversal, controla la agenda del Ejecutivo y da seguimiento real a los acuerdos. Los otros dos son potentes, pero sectoriales.
Y el “picaporte”, esa capacidad de acceso informal y frecuente a Margarita González Saravia, está todavía más claro. Quien maneja la agenda, las giras, las audiencias y las minutas de gabinete es quien está en la sala cuando se toman las decisiones y quien escribe el orden del día. El Secretario de Gobierno tiene un acceso privilegiado por la naturaleza política de su cargo. El de Administración y Finanzas lo tiene porque casi todo depende del presupuesto. Pero ninguno iguala la cotidianidad estructural de la Jefatura. Es el filtro y el amplificador. Es quien más puede hablar con Margarita sobre cualquier tema. Imaginen ustedes el peso específico que García Chávez tendrá en el inminente proceso electoral, básicamente en la definción de candidaturas de Morena.
En la práctica, el gobierno de González Saravia se construyó sobre tres pilares sólidos, pero uno de ellos está más cerca del trono. El verdadero poder no siempre se mide por el tamaño del presupuesto ni por la capacidad de negociar con alcaldes. A veces se mide por quién está presente cuando se decide el rumbo y por quién convierte la visión de la gobernadora en agenda real. En Morelos, hoy, ese es el titular de la Oficina de la Gubernatura.
