Ampliación Iztaccíhuatl: un feminicidio entre las “ventanas rotas” de Cuautla
El asesinato de una mujer durante la madrugada de este lunes en la colonia Ampliación Iztaccíhuatl no debe reducirse a una cifra más de la violencia en Cuautla. La víctima fue localizada alrededor de las 03:10 horas en la privada Jalisco, luego de que vecinos reportaran detonaciones. En el lugar quedaron indicios balísticos y, hasta el momento, no se ha informado sobre personas detenidas.
El feminicidio volvió a exhibir las condiciones que enfrentan los habitantes de esta colonia, especialmente en sus zonas periféricas: calles sin pavimentar, alumbrado deficiente, servicios públicos insuficientes y vigilancia esporádica. Meses antes, los vecinos ya habían denunciado robos recurrentes a viviendas y tuvieron que reforzar sus casas. Aunque la Guardia Nacional contuvo parcialmente algunos delitos, la Ampliación Sur continuó identificada como uno de los sectores de mayor riesgo.
El deterioro puede analizarse mediante la Teoría de las Ventanas Rotas, según la cual las señales visibles de abandono transmiten la idea de que no existe vigilancia ni autoridad. Una luminaria descompuesta, un terreno enmontado o una calle destruida no provocan por sí mismos un feminicidio, pero su acumulación favorece el anonimato de los agresores, reduce la presencia ciudadana y fortalece la percepción de impunidad.
Son lo que podemos denominar “agravios urbanos”: omisiones aparentemente menores que, al acumularse durante años, se transforman en una modalidad cotidiana de violencia institucional. Una calle oscura limita particularmente la movilidad de las mujeres; la falta de pavimento dificulta el ingreso de patrullas y ambulancias, mientras los espacios abandonados pueden convertirse en zonas propicias para emboscadas, agresiones y rutas de escape.
La seguridad pública, por tanto, no puede depender solamente de operativos y despliegues temporales. Es necesario investigar el feminicidio, identificar y detener a los responsables, pero también intervenir integralmente la colonia: reparar luminarias, limpiar terrenos, mejorar accesos, recuperar espacios públicos y mantener patrullajes permanentes. El derecho de las mujeres a vivir sin violencia también se construye con infraestructura segura.
La Teoría de las Ventanas Rotas no debe emplearse para criminalizar la pobreza ni justificar abusos policiales. En Iztaccíhuatl debe servir para exigir que las autoridades reparen las “ventanas” abandonadas durante años: la falta de servicios, el deterioro del territorio, la escasa vigilancia y la impunidad. Nadie puede afirmar que una lámpara encendida habría evitado el crimen; pero tampoco puede negarse que cuando los agravios urbanos se normalizan, la violencia encuentra terreno libre.
