LA ROMERÍA DEL HUESO: CUERNAVACA Y SUS ASPIRANTES DE OCASIÓN
Así van los suspirantes rumbo a Cuernavaca 2027
Con esta entrega iniciamos una serie de columnas para seguir, analizar y desnudar los movimientos de aspirantes, partidos y grupos de poder rumbo a la disputa por Cuernavaca. El seguimiento crecerá conforme se definan candidaturas y alianzas, alcanzará su punto más intenso durante las campañas constitucionales y culminará el 6 de junio de 2027, cuando las urnas separen las ambiciones personales de la verdadera voluntad ciudadana.
Muchos llamados para una sola “joya de la corona”
La carrera por la Presidencia Municipal de Cuernavaca apenas comienza formalmente, pero la procesión de aspirantes, suspirantes, oportunistas, buscadores de empleo y coleccionistas de candidaturas ya ocupa calles, restaurantes, colonias y redes sociales. Son tantos quienes se sienten llamados a rescatar la llamada “joya de la corona” que uno podría suponer que, de pronto, se produjo entre la clase política morelense un despertar cívico extraordinario: una vocación colectiva por resolver la escasez de agua, reparar las calles, ordenar el crecimiento urbano, sanear las barrancas, combatir la inseguridad, mejorar la recolección de basura, rescatar el Centro Histórico y poner fin a décadas de improvisación. Sería conmovedor creerlo. El problema es que la experiencia obliga a desconfiar.
Antes de llegar a la boleta, cada uno deberá ganar —o negociar— la candidatura de su partido, probablemente acompañado por otros institutos políticos en alguna alianza de conveniencia. Y ahí comienza el verdadero juego. No todos los que levantan la mano quieren necesariamente gobernar Cuernavaca; algunos pretenden cotizarse dentro de la negociación partidista. La candidatura principal es la apuesta máxima, pero alrededor de ella se distribuye una abundante lotería de consolación: diputaciones federales, diputaciones locales, sindicaturas, regidurías, coordinaciones, direcciones generales, asesorías y contratos. En la política mexicana, perder una candidatura puede ser el camino más corto para ganar otro cargo.
Aspirantes, suspirantes y buscadores de reflectores
Por eso conviene distinguir entre aspirantes y suspirantes. El aspirante serio construye un proyecto de ciudad, integra un equipo competente, estudia los problemas, conoce las finanzas municipales y explica cómo realizará lo que promete. El suspirante, en cambio, manda colocar su nombre en encuestas de procedencia dudosa, paga fotografías con dirigentes, recorre mercados durante unas semanas, reparte sonrisas y descubre, con sorprendente puntualidad electoral, que Cuernavaca tiene colonias sin agua y calles destrozadas. No busca necesariamente ganar: busca aparecer, negociar y cobrar políticamente su aparición.
Las razones para apuntarse son múltiples. Una regiduría puede representar percepciones mensuales cercanas o superiores a los 80 mil morlacos, dependiendo del municipio, las compensaciones y otras prestaciones. Una diputación ofrece dieta, recursos, asesores, influencia y una plataforma para continuar ascendiendo (y alrededor de 120 morlacos al mes). En algunos casos también puede aumentar la antigüedad burocrática y mejorar las condiciones para una futura jubilación. De esta manera, aquello que públicamente se presenta como sacrificio por Cuernavaca puede convertirse privadamente en una inversión para el retiro. La vocación de servicio resulta bastante más atractiva cuando viene acompañada de nómina, aguinaldo (tres meses), automóviles, personal auxiliar, gastos de representación y poder para colocar recomendados.
Otros suspirantes participan para colgarse oportunamente de quien sí tenga posibilidades. Le ofrecen estructura —aunque muchas veces sólo exista en su imaginación—, le prometen votos, le organizan reuniones y después presentan la factura. Si gana el candidato, buscarán una secretaría, una dirección, una coordinación o cualquier espacio desde el cual puedan recuperar lo invertido. No todos quieren encabezar el Ayuntamiento; algunos se conforman con instalarse cerca de la caja, del presupuesto o de quien reparte los contratos. Esta dinámica no será exclusiva de Cuernavaca: se reproducirá en los 36 municipios de Morelos.
La administración pública como oportunidad de negocio
Hay también quienes saben perfectamente qué unidades administrativas permiten convertir la influencia política en negocio. Obra pública, desarrollo urbano, licencias de funcionamiento, adquisiciones, servicios, mercados, uso de suelo, protección civil, permisos y contratación de proveedores son áreas particularmente sensibles. Esto no significa que toda persona interesada en dirigirlas busque enriquecerse, pero sí explica por qué determinados cargos despiertan pasiones que difícilmente provocaría una modesta vocación de servicio. La contratación pública es una de las actividades gubernamentales más vulnerables a la corrupción, debido al dinero involucrado, la complejidad de los procedimientos y la relación directa entre funcionarios y empresas.
Por eso no basta con preguntar quién puede ganar la elección. Debemos preguntar para qué quiere ganar, con quién piensa gobernar y a quiénes deberá pagar los favores de campaña. Un alcalde puede llegar con buenas intenciones y terminar secuestrado por financiadores, dirigentes partidistas, contratistas, sindicatos, grupos económicos, líderes territoriales y recomendados. Cada compromiso adquirido durante la campaña reduce su libertad para gobernar. El problema comienza cuando el gabinete municipal deja de integrarse con los mejores perfiles y se convierte en una oficina de pagos políticos.
Lo que Cuernavaca necesita de un alcalde
Cuernavaca no necesita solamente un candidato popular; requiere un gobernante competente. Un buen alcalde debe conocer la administración pública, comprender las finanzas, seleccionar colaboradores capaces, escuchar a la sociedad, coordinarse con los gobiernos estatal y federal, resistir presiones y tomar decisiones impopulares cuando sean necesarias. Debe saber delegar sin desentenderse, ejercer autoridad sin caer en la arrogancia y rendir cuentas sin esconderse detrás de sus subordinados.
Necesita, además, una visión metropolitana: los problemas de agua, movilidad, inseguridad, contaminación, residuos y desarrollo urbano ya no pueden resolverse como si Cuernavaca fuera una isla separada de Jiutepec, Temixco, Emiliano Zapata, Xochitepec y Huitzilac.
Las principales debilidades de un presidente municipal suelen ser exactamente las contrarias: desconocimiento administrativo, improvisación, soberbia, dependencia de un pequeño círculo, incapacidad para formar equipos, ausencia de planeación, confusión entre comunicación y resultados, subordinación a intereses externos y utilización electoral del presupuesto. A ello se agrega un defecto particularmente mexicano: creer que ganar una elección convierte automáticamente al triunfador en experto en seguridad, urbanismo, hidráulica, finanzas, movilidad, medio ambiente y desarrollo económico. Los votos otorgan legitimidad para gobernar, pero no conceden competencia técnica.
El Principio de Peter en versión morelense
Aquí aparece el Principio de Peter, formulado por Laurence J. Peter: dentro de una jerarquía, las personas pueden ascender hasta alcanzar un puesto para el cual ya no son competentes. La política ofrece ejemplos abundantes. Alguien pudo haber sido buen legislador, dirigente partidista eficaz, operador electoral exitoso, funcionario discreto o administrador de una dependencia pequeña; pero nada de eso garantiza que pueda gobernar una ciudad compleja. Las habilidades para conseguir una candidatura, movilizar grupos o ganar una elección no son necesariamente las mismas que se requieren para administrar Cuernavaca.
Peor aún: entre quienes se consideran aptos para gobernar la capital existen personajes que ya ocuparon otros cargos y dejaron constancia de sus limitaciones. Algunos confunden experiencia con antigüedad, cuando llevar muchos años en la nómina pública no significa haber producido resultados. Otros presentan como currículum una colección de puestos, pero evitan explicar qué resolvieron en cada uno. Haber pasado por varias oficinas gubernamentales no acredita capacidad; en ocasiones sólo demuestra habilidad para sobrevivir políticamente. El Principio de Peter adquiere entonces una variante morelense: no siempre se asciende por haber sido competente, sino por lealtad, parentesco, disciplina partidista, amistad o utilidad electoral.
Un alcalde incompetente suele rodearse de funcionarios todavía menos capaces para no sentirse amenazado. Rechaza la crítica, administra mediante ocurrencias, culpa a sus antecesores, cambia constantemente de colaboradores y utiliza la propaganda para ocultar la falta de resultados. Cuando aparece un problema, organiza una conferencia; cuando la crisis crece, anuncia una mesa de trabajo; cuando la mesa fracasa, culpa al gobierno estatal o federal. Así transcurren tres años entre diagnósticos repetidos, fotografías, excusas y obras menores presentadas como transformaciones históricas.
El buen alcalde actúa de manera distinta. Presenta metas verificables, publica contratos, transparenta el uso del dinero, profesionaliza las áreas técnicas, mide resultados y corrige errores. No reparte direcciones como premios de campaña ni convierte el Ayuntamiento en refugio de recomendados. Entiende que gobernar no consiste en inaugurar banquetas, encabezar ceremonias o publicar videos, sino en garantizar servicios públicos, mantener el orden urbano y mejorar de manera perceptible la vida cotidiana. Una ciudad se gobierna desde el presupuesto, la planeación y la calle, no solamente desde las redes sociales.
La disputa por Cuernavaca apenas comienza
Por ahora, la abundancia de aspirantes revela más sobre el atractivo del poder municipal que sobre la existencia de proyectos sólidos. Morena tiene una baraja extensa y el riesgo de que su discurso de unidad termine en una batalla de grupos. El PAN necesita demostrar que puede conservar la capital más allá de la figura de José Luis Urióstegui. Movimiento Ciudadano posee en Jessica Ortega un perfil competitivo, mientras el PVEM, el PRI, el PT y los partidos locales calculan si les conviene competir, negociar una alianza o vender caro su porcentaje de votos. En casi todos los casos, la verdadera disputa no será solamente por Cuernavaca, sino por las posiciones que acompañarán la candidatura principal.
Durante los próximos meses veremos desayunos, abrazos, recorridos, encuestas, adhesiones, fotografías y declaraciones de amor por la ciudad. Escucharemos a muchos prometer que ahora sí resolverán en tres años lo que otros no pudieron solucionar durante décadas. Pero antes de aceptar semejantes conversiones cívicas debemos revisar trayectorias, resultados, equipos, intereses y antecedentes. Quien fue incompetente en una responsabilidad menor difícilmente se transformará, por obra de una candidatura, en estadista municipal.
La lista de suspirantes seguirá creciendo porque levantar la mano no cuesta nada y puede dejar utilidades. Algunos llegarán a la boleta; otros obtendrán una regiduría, una diputación o un espacio administrativo; varios cobrarán su declinación y muchos desaparecerán después de conseguir lo que realmente buscaban. Solamente unos cuantos competirán seriamente por la Presidencia Municipal.
Cuernavaca necesita identificar quién quiere gobernarla y quién únicamente pretende servirse de ella. Ésa será la diferencia entre un verdadero aspirante y otro pasajero más en la cada vez más concurrida romería del hueso.
