Los dólares que sostienen a Morelos: remesas superan al dinero del Bienestar
Mientras el discurso oficial coloca a los programas sociales como uno de los principales motores del bienestar en Morelos, las cifras revelan una realidad distinta: el mayor apoyo económico directo para miles de familias no proviene del gobierno, sino del trabajo de los morelenses radicados principalmente en Estados Unidos. Durante 2025, la entidad recibió mil 177.8 millones de dólares en remesas, de acuerdo con el Banco de México.
Convertida con el tipo de cambio promedio registrado durante 2025 —alrededor de 19.50 pesos por dólar—, esa cantidad representó aproximadamente 22 mil 970 millones de pesos. Son recursos que llegaron directamente a los hogares y se utilizaron principalmente para alimentación, vivienda, salud, educación, transporte, pago de deudas y pequeños negocios. La cifra confirma que las remesas constituyen uno de los soportes económicos y sociales más importantes de Morelos, particularmente en municipios con alta migración.
La comparación con los programas gubernamentales resulta reveladora. En febrero de 2025, un funcionario de la Secretaría de Bienestar informó que los distintos programas federales destinarían a Morelos alrededor de 13 mil 500 millones de pesos durante ese año. Por lo tanto, las remesas habrían superado esa inversión social en aproximadamente 9 mil 470 millones de pesos, es decir, fueron cerca de 70 por ciento mayores que todos los apoyos federales anunciados para el estado.
La tendencia continúa en 2026. Entre enero y junio, Morelos recibió 587.2 millones de dólares, frente a 560.8 millones durante el mismo periodo de 2025. Esto significó un incremento de aproximadamente 4.7 por ciento. Aplicando un tipo de cambio promedio cercano a 18 pesos por dólar para ese semestre, el flujo representó alrededor de 10 mil 570 millones de pesos en solamente seis meses. Si el ritmo se mantuviera durante la segunda mitad del año, las remesas podrían cerrar nuevamente por encima de los 20 mil millones de pesos, aunque la apreciación del peso reduce su valor al convertirlas a moneda nacional.
Aunque las estadísticas estatales de Banxico no identifican el país de origen de cada transferencia, Estados Unidos concentra abrumadoramente el envío de remesas hacia México. Detrás de esos dólares están los trabajadores de la construcción, el campo, los restaurantes, la limpieza, el transporte y otros servicios que sostienen desde el extranjero a sus familias. No se trata de una dádiva gubernamental ni de dinero público: es salario ganado por los migrantes y enviado después de jornadas generalmente extenuantes.
Las remesas poseen además un efecto multiplicador. Cuando una familia cobra sus dólares y compra alimentos, paga la renta, repara su vivienda o adquiere mercancía para un pequeño comercio, el dinero circula entre tiendas, mercados, farmacias, transportistas y prestadores de servicios. En una entidad donde 67.2 por ciento de la población ocupada trabaja en la informalidad, ese flujo funciona como una red de protección económica que compensa parcialmente la falta de empleos formales, salarios suficientes y seguridad social.
Esto no significa negar la utilidad de las pensiones, becas y apoyos del Bienestar, que representan un ingreso necesario para numerosos hogares. Pero sí obliga a colocar las proporciones en su justa dimensión: los programas sociales son financiados con recursos públicos y difundidos mediante una poderosa maquinaria propagandística; las remesas son generadas silenciosamente por personas que tuvieron que abandonar su estado porque aquí no encontraron condiciones suficientes para vivir y trabajar.
La paradoja es contundente. El gobierno presume miles de millones de pesos repartidos como prueba de transformación, mientras los migrantes envían una cantidad considerablemente mayor para sostener a sus familias. La realidad económica se impone sobre la demagogia oficialista: buena parte de Morelos no se mantiene únicamente por el Bienestar, sino por los dólares de quienes tuvieron que buscar en Estados Unidos las oportunidades que su propia tierra no pudo ofrecerles.
