EN 2027 NO BASTARÁ EL COLOR: MORELOS VOTARÁ TAMBIÉN POR LAS PERSONAS

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Lunes 7 de septiembre de 2026
El proceso electoral intermedio de 2027 pondrá frente a los ciudadanos de Morelos varias boletas y una larga lista de aspirantes a presidencias municipales, diputaciones locales y cargos federales. Los partidos intentarán que el elector vote en bloque, guiado por sus siglas, pero las elecciones locales tienen una característica particular: la gente suele conocer —o cree conocer— a quienes aparecen en la boleta. Sabe de dónde vienen, qué han hecho, con quiénes se relacionan y cuáles escándalos cargan sobre la espalda.
En esta elección tendrá un peso considerable el voto emocional. La inseguridad, el deterioro de los servicios públicos, la falta de agua, los baches, la corrupción y la ausencia de resultados provocarán enojo, miedo, esperanza o deseos de castigo. Muchos electores decidirán impulsados por esos sentimientos. El candidato que consiga interpretar el estado de ánimo de su municipio tendrá una ventaja, pero quien pretenda manipularlo con discursos vacíos podría encontrarse con una ciudadanía más desconfiada.
También aparecerá el llamado voto educado, entendido no como el sufragio exclusivo de quienes poseen estudios universitarios, sino como aquel que surge de la información y el análisis. Ese elector revisará la trayectoria de los candidatos, comparará propuestas y tratará de distinguir entre propaganda y resultados. Preguntará si el aspirante conoce los problemas del municipio, si cuenta con capacidad para gobernar y si sus compromisos pueden cumplirse con los recursos disponibles.
En Morelos, el perfil personal de los candidatos será determinante. Antes de votar, muchos ciudadanos se preguntarán si el aspirante es honesto o corrupto; competente o improvisado; líder o simple figura decorativa; trabajador o oportunista; cercano a la población o producto de una negociación entre grupos políticos. También contará el carisma, pero éste difícilmente será suficiente cuando no esté acompañado de experiencia, carácter y credibilidad.
La reputación adquirirá especial importancia en los municipios. Un candidato podrá aparecer sonriente en espectaculares, repartir propaganda y contratar ejércitos digitales, pero no le resultará sencillo borrar su historia. Si ocupó anteriormente un cargo público, los electores podrán evaluar si resolvió problemas o solamente administró privilegios; si enriqueció a su grupo, colocó familiares, abandonó las colonias o utilizó el presupuesto para promover su imagen. En las elecciones locales, el expediente personal suele pesar tanto como el emblema partidista.
Esto favorecerá el voto diferenciado. Un ciudadano de Cuernavaca, por ejemplo, podría respaldar a Morena para una diputación federal, votar por el PAN para la presidencia municipal y elegir a Movimiento Ciudadano para el Congreso local. No necesariamente existiría una contradicción: estaría calificando por separado a cada aspirante. Puede confiar en un candidato, rechazar a otro y buscar equilibrio entre las instituciones, aunque aparezcan postulados por fuerzas políticas diferentes.
Los partidos enfrentarán, por tanto, un riesgo considerable si creen que cualquier persona puede ganar protegida por una marca electoral. Una mala candidatura puede desperdiciar la popularidad de un partido, mientras que un buen perfil puede competir incluso desde una organización política debilitada. La disciplina partidista continúa siendo importante, pero ya no garantiza automáticamente que todos los votos de una elección nacional bajen intactos hasta las presidencias municipales y diputaciones locales.
En 2027, los morelenses no solamente elegirán colores: juzgarán historias personales, capacidades y comportamientos. Buscarán saber quién puede gobernar, quién inspira confianza y quién representa más de lo mismo. Entre el voto emocional, el voto informado y el voto diferenciado se formará una decisión compleja. Y al final podría ganar no el partido con más propaganda, sino el candidato que convenza a la ciudadanía de ser honesto, competente, trabajador y capaz de enfrentar los problemas reales de su comunidad.
