Si le pasó a El Malilla y te da risa, quizá el problema también está en ti
El caso de El Malilla volvió a poner sobre la mesa una conversación que todavía incomoda a muchas personas: los hombres también pueden ser víctimas de abuso y violencia sexual, y nadie debería ser ridiculizado por denunciarlo.
El cantante mexicano relató que durante una presentación en Texas una fan lo tocó en sus genitales sin su consentimiento. El momento quedó registrado en video y posteriormente fue compartido en redes sociales. Mientras algunas personas expresaron indignación y pidieron respeto para el artista, otras reaccionaron con burlas o incluso celebraron lo ocurrido.
Y ahí está precisamente el problema.
Que El Malilla sea hombre, que haga reguetón, que sus canciones tengan contenido sexual, que utilice determinada ropa o que durante sus presentaciones tenga una interacción cercana con el público no significa que alguien tenga derecho a tocar su cuerpo sin permiso.
El consentimiento no desaparece porque una persona sea famosa, porque esté en un escenario o porque su imagen pública tenga una carga sexual.
La misma lógica que muchas veces se utiliza para responsabilizar a una mujer de una agresión —“¿qué esperaba si iba vestida así?”, “¿para qué salió?”, “¿por qué estaba tomando?”— tampoco debería aplicarse cuando la víctima es un hombre.
De hecho, uno de los mayores obstáculos para que los hombres hablen de este tipo de experiencias es precisamente la idea de que “un hombre siempre quiere sexo”, que debería sentirse halagado o que, si una mujer lo toca, simplemente tiene que tomarlo como una broma.
Eso también es violencia.
Y las burlas tienen consecuencias. Cuando un hombre cuenta que fue abusado y la respuesta inmediata son memes, chistes o comentarios sobre su masculinidad, se refuerza la idea de que hablar no sirve de nada y que denunciar únicamente lo convertirá en objeto de humillación.
Eso puede contribuir a que muchas víctimas permanezcan en silencio.
Hablar de violencia sexual contra hombres no significa minimizar la que sufren las mujeres. Significa entender que el consentimiento debe funcionar exactamente igual para todas las personas: si alguien no quiere ser tocado sexualmente, nadie tiene derecho a hacerlo.
Por eso, si eres de los que piensa que “El Malilla se lo buscó porque eso canta”, vale la pena hacerse la misma pregunta cuando la víctima es una mujer: ¿realmente creerías que una cantante merece ser tocada sin permiso solamente porque utiliza una imagen sexual?
La respuesta debería ser la misma en ambos casos.
No importa qué cantes, cómo vistas, cuánto muestres de tu cuerpo, dónde estés, qué hora sea o qué imagen proyectes. Nadie tiene derecho a tocarte sexualmente sin tu consentimiento.
Y si eres víctima de una agresión sexual, denunciarla no te hace menos hombre, menos fuerte ni menos masculino. Te convierte en una persona que está poniendo un límite y exigiendo que se respete su cuerpo.
