Trump abre la puerta a la caza del lobo mexicano y ambientalistas alertan por el riesgo para una especie que apenas se recupera
El lobo mexicano vuelve a estar en el centro de una polémica ambiental luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmara una orden ejecutiva que podría reducir las protecciones federales de esta especie y facilitar que los estados autoricen su eliminación.
Aunque la orden no autoriza directamente una cacería generalizada, sí instruye al Departamento del Interior a determinar en los próximos tres meses si el lobo gris y el lobo mexicano han alcanzado una recuperación suficiente para ser retirados de la protección de la Ley de Especies en Peligro.
La medida forma parte de una serie de acciones impulsadas por Trump para respaldar a los ganaderos, quienes han denunciado pérdidas de ganado relacionadas con ataques de lobos. El gobierno estadounidense sostiene que los productores necesitan mayores herramientas para proteger sus animales.
El problema es que el lobo mexicano no es una población abundante. Es la subespecie de lobo gris más rara de Norteamérica y durante décadas estuvo al borde de desaparecer.
La persecución y los programas de exterminio implementados en Estados Unidos provocaron que para la década de 1970 prácticamente hubiera desaparecido de la vida silvestre. En 1976 fue declarado en peligro de extinción y posteriormente comenzó un programa binacional de reproducción y recuperación. En 1998, ejemplares criados en cautiverio fueron reintroducidos en Arizona y Nuevo México.
Actualmente, la población estadounidense ha logrado recuperarse de manera importante, pero eso no significa que la especie esté fuera de peligro. Al cierre de 2025 se contabilizaron 319 lobos mexicanos en libertad en Arizona y Nuevo México. La recuperación también enfrenta un problema particularmente delicado: la reducida diversidad genética de la población.
Y ahí está uno de los principales riesgos.
Si se permite matar lobos con mayor facilidad antes de que la población sea realmente estable y genéticamente saludable, cada ejemplar perdido puede tener un impacto importante en una población que todavía es pequeña. La reducción del número de animales también puede dificultar la reproducción, aumentar los problemas derivados de la endogamia y hacer más vulnerable a la especie frente a enfermedades, cambios ambientales y otros factores.
El propio Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos reconoce que la recuperación del lobo mexicano depende no solamente de aumentar su número, sino también de mantener poblaciones genéticamente diversas y reducir la mortalidad causada por los seres humanos.
Además, los efectos no se quedarían necesariamente en Estados Unidos. El lobo mexicano también forma parte de los esfuerzos de conservación en México, particularmente en regiones de la Sierra Madre Occidental de Sonora, Chihuahua y Durango. La estrategia de recuperación es binacional porque se trata de una especie que históricamente se desplazaba por ambos lados de la frontera.
Los defensores de la especie advierten que retirar prematuramente las protecciones podría echar atrás décadas de trabajo de conservación. Organizaciones ambientalistas también han señalado que la decisión debería basarse en evidencia científica y no únicamente en presiones políticas o económicas.
El lobo mexicano ya estuvo prácticamente desaparecido de los bosques y montañas de México y Estados Unidos. Ahora, cuando su población vuelve a crecer, la discusión es si abrir la puerta a una mayor eliminación de ejemplares representa una solución para los ganaderos o un riesgo innecesario para una especie que todavía está lejos de estar completamente fuera de peligro.
Por ahora, la orden de Trump inicia un proceso de revisión. No significa que desde este momento cualquier persona pueda salir a cazar lobos mexicanos legalmente, pero sí abre la posibilidad de que sus protecciones sean reducidas en el futuro.
