MARIHUANA CONTRA LA DEPRESIÓN: ¿REMEDIO O PUERTA A UNA NUEVA DEPENDENCIA?
La idea de que la marihuana puede servir para combatir la depresión se ha extendido al mismo tiempo que avanza su uso medicinal y recreativo en distintos países. Algunas personas aseguran experimentar relajación, disminución momentánea de la angustia, mejoría del ánimo o facilidad para dormir después de consumir cannabis. Sin embargo, sentirse mejor durante algunas horas no significa que la marihuana sea un tratamiento comprobado contra la depresión. La evidencia científica disponible no permite recomendarla como sustituto de la psicoterapia o de los tratamientos médicos establecidos.
De hecho, investigaciones recientes obligan a mirar el asunto con cautela. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025, que reunió 22 estudios longitudinales, encontró que quienes consumían cannabis presentaban posteriormente un riesgo mayor de depresión. Otra revisión sobre trastornos del estado de ánimo encontró asociación entre el consumo de cannabis y mayores síntomas depresivos, así como un pronóstico menos favorable entre personas con depresión mayor. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) advierten además que el cannabis está asociado con depresión, ansiedad social y pensamientos y conductas suicidas, aunque una asociación estadística no demuestra por sí sola que la marihuana sea la causa directa.
El riesgo adicional está precisamente en la automedicación. Una persona deprimida puede descubrir que fumar marihuana le produce temporalmente tranquilidad, euforia o desconexión de sus problemas y comenzar a utilizarla cada vez que aparecen tristeza, ansiedad o insomnio. Con el tiempo puede desarrollarse tolerancia —necesitar más cantidad para obtener el mismo efecto— y finalmente un trastorno por consumo de cannabis. Los CDC estiman que aproximadamente tres de cada diez consumidores pueden desarrollar este trastorno, con mayor riesgo entre quienes comenzaron jóvenes y quienes consumen con mucha frecuencia. Entre las señales de alarma están intentar dejarla sin conseguirlo, sentir deseos intensos de consumir, dedicarle demasiado tiempo, abandonar actividades familiares o sociales y continuar usándola pese a problemas laborales, personales o psicológicos.
¿Y cómo reconocer que alguien acaba de consumir marihuana? Los efectos varían según la cantidad, concentración de THC, forma de consumo y tolerancia de la persona, pero pueden aparecer ojos enrojecidos, relajación o somnolencia, risa o euforia fuera de lo habitual, alteración de la percepción del tiempo, problemas de memoria inmediata y atención, lentitud de reacción, dificultades de coordinación, aumento del apetito y cambios en el comportamiento. En algunas personas ocurre exactamente lo contrario de la relajación buscada: ansiedad intensa, miedo, desorientación o paranoia. El cannabis afecta áreas cerebrales relacionadas con memoria, atención, coordinación, toma de decisiones, emociones y tiempo de reacción.
La conclusión es especialmente importante para quienes buscan en la marihuana una salida a la depresión: puede producir alivio subjetivo y temporal, pero eso no equivale a curar la enfermedad y existe un riesgo real de dependencia. Si una persona necesita consumir diariamente para sentirse tranquila, dormir, funcionar o dejar de sentirse triste; aumenta progresivamente la cantidad; se irrita cuando no puede consumirla, o ha intentado abandonarla sin conseguirlo, el problema puede haber dejado de ser únicamente la depresión. En ese escenario, lo recomendable es una valoración profesional que examine conjuntamente el estado de ánimo y el consumo de cannabis, en lugar de incrementar por cuenta propia la dosis o la frecuencia.
