De los lixiviados al humo: el famoso “centro de transferencia” de Cuernavaca se convierte en foco de contaminación al aire
Lo que durante meses ha sido señalado como un problema ambiental por la concentración y manejo de toneladas de basura terminó convirtiéndose también en una emergencia atmosférica. Un incendio registrado en el tiradero ubicado sobre la avenida Estado de Puebla, en Cuernavaca, obligó al despliegue de cuerpos de emergencia para contener las llamas y evitar que el siniestro alcanzara mayores dimensiones.
El problema adquiere otra dimensión porque no se trata simplemente de apagar basura incendiada. El sitio, identificado como centro de transferencia de residuos, ya había generado preocupación por los riesgos inherentes a la acumulación de desechos y la generación de lixiviados; ahora, con el incendio, la contaminación potencial dejó de limitarse al suelo y al subsuelo para convertirse en humo que se dispersó hacia el entorno urbano.
La Secretaría de Desarrollo Sustentable informó que fueron desplegados 17 elementos, dos unidades y una pipa de agua. En las labores también participaron Bomberos de Cuernavaca, Protección Civil estatal, SAPAC, Guardia Nacional, Tránsito municipal y autoridades auxiliares de Chipitlán. Para la mañana de este sábado se reportaba el incendio controlado en 95 por ciento y liquidado en 80 por ciento. Las autoridades aseguraron que no existía peligro para las viviendas cercanas.
Sin embargo, que las llamas no amenacen directamente las casas no significa que el episodio deba reducirse a una emergencia superada. La combustión de residuos obliga a poner atención en la calidad del aire y en las posibles afectaciones para quienes habitan en las inmediaciones, además de reabrir la discusión sobre las condiciones en que opera este sitio y las medidas de prevención existentes para evitar incendios.
El siniestro vuelve así a colocar bajo la lupa el manejo de la basura en Cuernavaca. Un espacio concebido para concentrar temporalmente residuos antes de su traslado terminó exhibiendo dos de los riesgos ambientales asociados con una operación deficiente: por abajo, la preocupación por los líquidos generados por los desperdicios; por arriba, una columna de humo producto del incendio.
Más allá de sofocar completamente el fuego, corresponderá a las autoridades ambientales determinar qué se quemó, cuál fue la causa del incendio, si existió afectación a la calidad del aire y, sobre todo, qué medidas serán adoptadas para impedir que vuelva a ocurrir. Porque el problema ya no es solamente dónde termina la basura de Cuernavaca: ahora también importa saber qué están respirando quienes viven alrededor de ella.
