¿QUIÉN MANDA AHORA EN LA POLICÍA DE CUERNAVACA?

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Jueves 1 de octubre de 2026
En política pocas cosas ocurren por casualidad y los tiempos suelen decir tanto como los nombramientos. Apenas José Luis Urióstegui Salgado había reconocido que la estrategia de seguridad en Cuernavaca necesitaba revisión y colocado bajo evaluación a los mandos de la Secretaría de Protección y Auxilio Ciudadano (SEPRAC), cuando aparece una decisión que inevitablemente levanta preguntas: el Gobierno del Estado envió a Sergio Eduardo Garduño Díaz para incorporarse como comisionado de la Subsecretaría de Seguridad de la dependencia municipal.
Formalmente no parece existir misterio. Pablo Nivardo Aguilera Casados continúa como secretario de Protección y Auxilio Ciudadano y, por tanto, como cabeza de SEPRAC. Garduño llega a una posición jerárquicamente inferior. Hasta ahí, el organigrama funciona perfectamente. El problema —o la parte interesante del asunto— comienza cuando abandonamos el papel y nos preguntamos cómo funcionará la cadena de mando en la calle.
Garduño no llega como cualquier funcionario municipal. Es un cuadro proveniente de la estructura estatal de seguridad, acumula 13 años de experiencia y actualmente se desempeña como comandante de la Primera Región, que comprende precisamente Cuernavaca, Tepoztlán, Huitzilac y Jiutepec. Pero, además, existe un dato que el propio Ayuntamiento hizo público y que no debería pasar inadvertido: fue designado por el Gobierno del Estado para incorporarse a las labores operativas de SEPRAC.
Entonces aparece la pregunta inevitable: ¿quién mandará realmente en la policía de Cuernavaca?
Porque una cosa es la coordinación entre los gobiernos estatal y municipal —necesaria, por cierto— y otra muy diferente colocar dentro de la estructura operativa de una corporación municipal a un comandante enviado desde el Ejecutivo estatal. Si Garduño estará subordinado completamente al secretario Pablo Nivardo Aguilera, la explicación resulta sencilla. Pero si conserva vínculos de mando con la estructura estatal y participa directamente en despliegues, patrullajes, operativos, inteligencia y decisiones tácticas, el esquema comienza a parecer bastante más complejo.
Podríamos encontrarnos entonces ante una división peculiar: Pablo Nivardo conservando la titularidad institucional y administrativa de SEPRAC, mientras Sergio Garduño adquiere creciente influencia sobre la operación policial. No afirmamos que así vaya a ocurrir. Lo que sostenemos es que el Ayuntamiento deberá explicar con absoluta claridad cómo quedará integrada la cadena de mando para evitar algo que ninguna corporación policiaca puede permitirse: recibir señales distintas desde dos centros de decisión.
Y aquí los tiempos vuelven a ser importantes. Urióstegui ha reconocido problemas en materia de seguridad y recientemente dejó abierta la posibilidad de revisar el desempeño de sus mandos. Ahora, casi inmediatamente, aterriza en SEPRAC un comandante procedente del gobierno estatal. Puede tratarse exclusivamente de un reforzamiento de la coordinación institucional. También puede significar una redistribución de responsabilidades operativas. Precisamente por eso merece explicación.
Hay preguntas concretas que deberían responderse: ¿a quién reportará diariamente Sergio Garduño?, ¿quién autorizará los operativos?, ¿quién decidirá el despliegue territorial de los policías?, ¿Garduño conservará simultáneamente su responsabilidad como comandante de la Primera Región?, ¿podrá recibir instrucciones directamente de autoridades estatales mientras desempeña funciones dentro de SEPRAC? Y, quizá la más importante: cuando exista una decisión operativa relevante, quién tendrá la última palabra: Pablo Nivardo o Sergio Garduño.
Cuernavaca necesita coordinación, policías, patrullas, inteligencia y capacidad de reacción; no pleitos burocráticos ni organigramas confusos. Si la llegada de Garduño consigue fortalecer la operación de SEPRAC, será una buena noticia para una ciudad golpeada por episodios recientes de violencia. Pero precisamente por tratarse de seguridad pública, la línea de mando debe quedar perfectamente definida.
Porque detrás de todo el lenguaje institucional sobre “coadyuvancia”, “coordinación” y “colaboración” queda flotando una pregunta mucho más sencilla, pero también mucho más importante:
¿Quién manda ahora en la policía de Cuernavaca?
