Del “amor” al miedo: la violencia en el noviazgo enciende alertas en Morelos
La violencia contra las mujeres no comienza necesariamente con un golpe. Muchas veces aparece durante el noviazgo disfrazada de celos, “preocupación” o supuesto amor: revisar el teléfono celular, exigir contraseñas, decidir con quién puede hablar la pareja, controlar su forma de vestir, vigilar dónde se encuentra, insultarla, amenazarla o aislarla de familiares y amigos. Cuando esas conductas se normalizan y escalan, pueden desembocar en agresiones físicas, sexuales y, en los casos extremos, en feminicidio.
El problema tiene dimensiones importantes en Morelos. La ENDIREH 2021 del INEGI, última gran medición disponible con representatividad estatal, estableció que 40.8 por ciento de las mujeres morelenses de 15 años y más que habían tenido una relación de pareja sufrieron algún tipo de violencia por parte de su pareja actual o última a lo largo de esa relación; 19.4 por ciento la había padecido durante los 12 meses anteriores al levantamiento. La violencia psicológica es particularmente importante: 35.6 por ciento reportó haberla experimentado a lo largo de la relación.
Hay además una señal reciente entre adolescentes. Durante 2026 se dio a conocer que los casos detectados de violencia en el noviazgo en Morelos habían aumentado alrededor de 30 por ciento, con afectaciones particularmente entre menores de 14 a 16 años. En Cuernavaca se documentaron casos entre estudiantes de secundaria, preparatoria e incluso universidad en los que las víctimas manifestaron sentir miedo de sus parejas. El problema llevó a reformar la legislación educativa de Morelos para incorporar acciones de prevención de la violencia en el noviazgo en las escuelas.
El riesgo de minimizar esas primeras señales resulta todavía más preocupante en una entidad con elevados niveles de violencia de género. Un diagnóstico oficial elaborado para las acciones de la Alerta de Violencia de Género señala que en 2025 hubo más de 5 mil 800 casos denunciados de violencia familiar en Morelos y sostiene que alrededor de la mitad de los feminicidios están vinculados con esta problemática. Además, Morelos cerró 2025 con una tasa de feminicidio de aproximadamente 2.7 víctimas por cada 100 mil mujeres, entre las más elevadas del país.
El punto central es entender que el feminicidio rara vez debe observarse como un episodio aislado de violencia surgido de la nada. En algunos casos existe previamente una historia de amenazas, humillaciones, control, golpes, persecución o violencia sexual. Por eso, identificar oportunamente una relación violenta puede convertirse en una medida de protección de la integridad y la vida. Los celos excesivos no son una demostración de amor; tampoco lo son exigir fotografías para comprobar dónde está la pareja, revisar conversaciones, controlar amistades, amenazar con suicidarse si termina la relación o advertir: “si no eres mía, no serás de nadie”.
Un decálogo preventivo podría resumirse así: 1) no normalizar los celos ni el control; 2) conservar contraseñas y privacidad digital; 3) mantener contacto con familiares y amistades; 4) identificar insultos, amenazas y humillaciones como violencia; 5) no minimizar empujones, jaloneos o golpes “por primera vez”; 6) rechazar cualquier presión o imposición sexual; 7) guardar mensajes o amenazas que puedan servir como evidencia; 8) contarle la situación a una persona de confianza; 9) buscar apoyo profesional e institucional desde las primeras señales, especialmente cuando existen amenazas, acoso o agresiones físicas; y 10) ante peligro inmediato, llamar al 911 y evitar enfrentar a solas al agresor.
Prevenir la violencia en el noviazgo implica, sobre todo, intervenir antes de que el miedo sustituya al afecto. Para familias y escuelas significa prestar atención a cambios repentinos de conducta, aislamiento, ansiedad, lesiones inexplicables o temor constante al teléfono y a la pareja. Para las autoridades significa ofrecer protección efectiva desde las primeras amenazas. Porque detrás de muchos casos graves existe una pregunta que sólo puede responderse a tiempo: ¿cuándo dejó de ser una relación amorosa y comenzó a convertirse en una relación de dominio y violencia?
