Cuatro de cada 10 escolares de Morelos tienen sobrepeso u obesidad: una alerta que comienza desde la infancia
La obesidad entre niños y adolescentes se ha convertido en uno de los grandes problemas de salud pública del mundo y Morelos no escapa a esta tendencia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 170 millones de menores de entre 5 y 19 años vivían con obesidad en 2024, mientras que la prevalencia mundial en esas edades se cuadruplicó desde 1990, al pasar de alrededor de 2 a 8 por ciento.
La situación mexicana es particularmente preocupante. Un análisis de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut Continua 2020-2024), publicado por especialistas del Instituto Nacional de Salud Pública, encontró que 36.6 por ciento de los escolares de 5 a 11 años presentan sobrepeso u obesidad, proporción que aumenta a 40.1 por ciento entre los adolescentes de 12 a 19 años. En otras palabras, aproximadamente cuatro de cada diez menores mexicanos de esas edades enfrentan ya un problema relacionado con exceso de peso.
En Morelos, el panorama coincide prácticamente con esa proporción nacional. Los resultados de las brigadas de la estrategia “Vive Saludable, Vive Feliz”, aplicadas en escuelas de los 36 municipios del estado, revelaron recientemente que cuatro de cada diez estudiantes evaluados presentan sobrepeso u obesidad. El diagnóstico adquiere especial relevancia por su cobertura: durante 2025 las brigadas recorrieron centenares de planteles y realizaron valoraciones de peso, talla y otros indicadores de salud a más de 120 mil alumnos.
El problema va mucho más allá de la apariencia física. Especialistas del Hospital del Niño Morelense advierten que la obesidad infantil puede favorecer resistencia a la insulina y posteriormente diabetes tipo 2, además de problemas articulares, lesiones en rodillas y espalda y acumulación de grasa en el hígado. La OMS la considera una enfermedad crónica y recurrente que también incrementa a largo plazo el riesgo de padecimientos cardiovasculares.
Los datos muestran además que la obesidad infantil no puede atribuirse exclusivamente a decisiones individuales. El consumo elevado de bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados, la poca actividad física, el sedentarismo y los propios entornos familiares y escolares forman parte del problema. La Ensanut encontró incluso una fuerte asociación familiar: entre escolares cuyos padres presentan obesidad, la prevalencia combinada de sobrepeso y obesidad alcanza 48.3 por ciento, frente a 20 por ciento entre aquellos cuyos padres mantienen un índice de masa corporal normal.
Morelos dispone ya de instrumentos para enfrentar el fenómeno. Además de las brigadas escolares, Servicios de Salud cuenta con centros de salud donde se realizan evaluaciones nutricionales y con una Unidad de Evaluación y Diagnóstico de Obesidad Infantil, en la Jurisdicción Sanitaria I, que brinda atención médica, nutricional y psicológica. Apenas en septiembre pasado, las autoridades estatales calificaron al sobrepeso y la obesidad como un reto prioritario de salud pública.
El desafío será convertir los diagnósticos realizados en las escuelas en seguimiento médico y cambios permanentes dentro de los hogares y planteles. Porque detrás de ese 40 por ciento de estudiantes morelenses con sobrepeso u obesidad existe una generación que, de no modificarse la tendencia, podría llegar a la edad adulta con mayor riesgo de diabetes, hipertensión y enfermedades cardiovasculares. La batalla contra esas enfermedades, por lo tanto, comienza muchos años antes: desde la infancia.
