LA TÁCTICA DEL GARROTE: TRUMP Y SU ENFOQUE HACIA MÉXICO EN LA CRISIS DEL FENTANILO
OPINIÓN
Por Guillermo Cinta Flores
Lunes 12 de enero de 2026
Las recientes declaraciones de Donald Trump generaron una ola de tensión en las relaciones bilaterales con México, especialmente tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela. El presidente estadounidense anunció posibles ataques por tierra contra los cárteles del narcotráfico, afirmando que estos grupos “gobiernan México” y no la presidenta Claudia Sheinbaum, utilizando la crisis del fentanilo como pretexto principal para justificar una intervención directa.
Esta retórica belicista no es nueva en Trump, quien ha escalado sus advertencias desde que asumió el cargo, vinculando el flujo de drogas desde México con la epidemia de opioides en Estados Unidos, y extendiendo su “guerra contra el narcotráfico” a naciones como Venezuela, Colombia y ahora México. Sin embargo, estas amenazas parecen formar parte de una estrategia más amplia para presionar a gobiernos extranjeros y obtener concesiones rápidas en temas de seguridad fronteriza.
Hoy, 12 de enero, la llamada telefónica entre Claudia Sheinbaum y Donald Trump marcó un aparente retorno a la normalidad, con un tono cordial que duró unos 15 minutos. Sheinbaum destacó los logros conjuntos en la lucha contra el fentanilo, como una reducción del 50 por ciento en los cruces detectados por las autoridades estadounidenses y una caída del 43 por ciento en las muertes relacionadas con esta droga en EE.UU.
Ambos líderes acordaron mantener el diálogo y una reunión bilateral para el 22 y 23 de enero, enfocada en el tráfico de drogas y armas, descartando cualquier intervención militar unilateral. Esta conversación surgió en respuesta directa a las declaraciones de Trump, demostrando que México opta por el camino del diálogo respetuoso para defender su soberanía.
Paralelamente, el diálogo entre el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, y el canciller mexicano, Juan Ramón de la Fuente, reforzó esta dinámica de cooperación. En su llamada, abordaron el combate a “redes narcoterroristas”, con Rubio enfatizando la necesidad de “resultados tangibles” en la desarticulación de cárteles, el control del fentanilo y el tráfico de armas. Acordaron fortalecer el programa bilateral de seguridad, alineándose con las instrucciones de Sheinbaum para priorizar la coordinación sin ceder a presiones externas.
Este intercambio subraya cómo México busca contrarrestar las amenazas con acciones concretas, como las incautaciones de laboratorios y detenciones recientes, que han contribuido a una baja del 40 por ciento en homicidios en el país.
Según mi punto de vista, la estrategia de Trump se basa en la amenaza como herramienta de negociación, un estilo que ha usado consistentemente para “someter” a contrapartes y forzar acuerdos favorables. Al lanzar advertencias públicas, como las de intervenciones en México tras el caso venezolano, busca generar presión mediática y política interna en EE.UU., donde el fentanilo es un tema electoral clave.
Sin embargo, esto no necesariamente implica una intención real de invasión, sino una táctica para obtener más colaboración en temas como migración y comercio, recordando sus tratos pasados con López Obrador. México, bajo Sheinbaum, responde con firmeza diplomática, evitando escaladas innecesarias.
Finalmente, esta dinámica revela un patrón en la política exterior de Trump: el uso del “garrote” para abrir puertas al diálogo, pero con el riesgo de erosionar la confianza mutua. México ha demostrado que, mediante datos y coordinación, puede desmontar narrativas alarmistas, priorizando la soberanía y el respeto mutuo. Si las amenazas persisten, podrían complicar temas pendientes como el comercio bilateral o la situación de migrantes mexicanos, pero por ahora, el enfoque en resultados concretos parece allanar el camino hacia una relación más estable.
