¡BASTA DE AMENAZAS VACÍAS! TOMZA NO PUEDE SEGUIR JUGANDO CON LA VIDA DE LOS MORELENSES
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Sábado 8 de agosto de 2026
Lo ocurrido el 6 de agosto en la colonia Las Granjas, en los límites de Cuernavaca y Jiutepec, no puede ni debe repetirse. Una fuga de gas LP en una pipa de Tomza-Gas Titanium S.A. de C.V. derivó en una deflagración que dejó 21 lesionados —varios de gravedad, entre ellos menores de edad—, decenas de viviendas dañadas, vehículos calcinados y una zona devastada.
Solo por un golpe de suerte no hubo muertos. Una deflagración es una combustión súbita y rápida de una mezcla inflamable (en este caso gas LP con aire) que se propaga a velocidad inferior a la del sonido. No es una detonación supersónica, pero genera una onda de presión, calor intenso y destrucción capaz de derribar fachadas, incendiar casas y quemar personas a decenas de metros. Eso es exactamente lo que sucedió: una nube de gas se acumuló, encontró una fuente de ignición y se convirtió en una bola de fuego que arrasó 200 metros lineales.
La Coordinación Estatal de Protección Civil Morelos (CEPCM) ya inició un procedimiento administrativo contra la empresa propietaria de la unidad. Solicitó documentación para revisar técnica y administrativamente el cumplimiento de la normatividad, mientras la Fiscalía General del Estado investiga por su cuenta. Durante este año han inspeccionado 106 unidades de distintas gaseras y anuncian que continuarán las supervisiones. Suena bien. Suena a responsabilidad. Pero ojalá y no quede en una simple amenaza sin cumplimiento.
Grupo Tomza no es un recién llegado al negocio ni un desconocido en el registro de irregularidades. Fundado por Tomás Zaragoza Fuentes —quien acaba de fallecer a los 83 años—, el consorcio acumula un historial negro: explosiones previas (como la de su planta en Amozoc, Puebla, en 2013, con siete muertos y una multa millonaria), denuncias de cargas incompletas, acusaciones de prácticas monopólicas, conflictos laborales, pipas con deficiencias y señalamientos de negligencia reiterada. Sus filiales han sido señaladas una y otra vez por operar al límite de la seguridad, privilegiando el volumen de negocio sobre la integridad de las personas.
Que el dueño histórico haya muerto no borra las responsabilidades de la empresa ni las de quienes hoy la dirigen. Tampoco convierte en inocentes las unidades que circulan por nuestras calles. La muerte de un empresario no es escudo. La gente de Las Granjas no necesita condolencias corporativas; necesita garantías de que no volverá a pasar.
Protección Civil tiene atribuciones claras. La Fiscalía también. Que las ejerzan de verdad: sanciones ejemplares, clausuras si corresponde, revisión exhaustiva de toda la flota de Tomza en Morelos y, sobre todo, seguimiento hasta el final. Porque ya conocemos el libreto: anuncio mediático, requerimientos de papeles, “vamos a investigar”… y con el tiempo el tema se diluye entre otras noticias.
Las 21 personas quemadas, las familias que perdieron parte de su patrimonio y los vecinos que aún sienten el olor a gas y a miedo no merecen que esto se convierta en un expediente más archivado. Morelos no puede seguir permitiendo que empresas con historial de abusos y accidentes operen como si la vida de la población fuera un costo operativo aceptable.
Que esta vez sí haya consecuencias reales. Que la amenaza se convierta en cumplimiento. Porque lo de Las Granjas no fue un accidente aislado: fue la materialización de una negligencia que ya no podemos tolerar.
