Tlaltizapán, Morelos – En un asalto que parece sacado de las leyendas de Jesse James o Billy the Kid, cuatro bandoleros encapuchados irrumpieron como rayos en la caseta de cobro de la Autopista Siglo XXI, a la altura del poblado de San Rafael.
Alrededor de las 18:55 horas, los maleantes llegaron a toda velocidad a bordo de una camioneta, descendieron armados y con el rostro cubierto, y amagaron brutalmente a los trabajadores del peaje. Bajo amenaza de muerte, los despojaron del dinero en efectivo recolectado de los automovilistas que pagaban su paso.
Una vez consumado el golpe, los forajidos huyeron con rumbo sur, levantando polvo como en las antiguas persecuciones del desierto. Hasta el momento, nadie sabe su paradero.
Elementos de la Guardia Nacional llegaron tardíamente y montaron un operativo de rastreo por la zona, pero los bandidos lograron escabullirse. Las autoridades mantienen abiertas las investigaciones y han calificado el hecho como un robo con violencia agravada, un delito grave que pone en evidencia la vulnerabilidad de las infraestructuras carreteras y la audacia cada vez mayor de grupos criminales organizados.
Gravedad del asunto:Se trata de un asalto armado en plena vía de comunicación federal, lo que representa un riesgo directo para la seguridad de usuarios y trabajadores.
El uso de encapuchados, armas y una huida coordinada indica planeación y posible pertenencia a una banda con experiencia.
Este tipo de robos no solo genera pérdidas económicas, sino que siembra terror entre la población y afecta la confianza en las carreteras del país.
La impunidad aparente (hasta ahora) envía un mensaje peligroso: que en algunas zonas los forajidos todavía pueden actuar con relativa libertad.
Es un recordatorio de que, aunque estemos en el siglo XXI, en algunas regiones de México los viejos fantasmas del bandolerismo siguen cabalgando. Las autoridades deben actuar con firmeza y rapidez antes de que este tipo de golpes se vuelva una moda peligrosa.