El cobarde de Morelos que golpeaba a su esposa embarazada y frente a sus hijos ahora se esconde tras un amparo: la impunidad que protege a los violentos
Paula Esbeydi Fajardo Melgarejo ya no calla. Después de años de terror, decidió exponer la brutalidad que vivió en su propio hogar. El 30 de mayo de 2026 publicó videos de las cámaras de seguridad donde su exesposo, José Francisco “N”, la golpea, patea y jala del cabello sin piedad.
Algunas escenas son especialmente repugnantes: ocurre mientras ella estaba embarazada, a punto de dar a luz, y con sus hijos menores presentes en la habitación.
No fue un “mal día”. Fueron años de violencia sistemática, documentada entre 2020 y 2021, con moretones, lágrimas y niños convertidos en testigos forzados. Paula se divorció hace un año, pero el miedo y el “respeto a sus hijos” la mantuvieron en silencio hasta que decidió romperlo todo: “No publico esto por venganza ni por dinero. Lo publico porque la verdad importa y las víctimas no deberían cargar además con el peso de ser llamadas mentirosas”.
¿La respuesta del agresor? No fue asumir su responsabilidad, ni pedir perdón, ni enfrentar a la justicia. El 1 de junio promovió un amparo indirecto ante el Juzgado Séptimo de Distrito en Morelos. La jueza Tania Gómez Ibarra le concedió de inmediato una suspensión provisional que, por ahora, blinda a José Francisco “N” de cualquier detención. Audiencia incidental: 9 de junio. Mientras tanto, el presunto golpeador sigue libre.
En un estado donde las agencias del Ministerio Público ya acumulan alrededor de 2,000 denuncias por violencia familiar en lo que va de 2026, este caso no es una excepción: es el espejo más crudo de un sistema que parece diseñado para proteger al agresor. Paula tiene pulsera de pánico y rondines policiales por órdenes de la gobernadora Margarita González Saravia, pero el hombre que la agredió goza de protección federal mientras las víctimas siguen cargando el miedo, la revictimización y la burocracia.
Abogadas como Marcela Torres exigen retirar la patria potestad al señalado y aplicar el artículo 202 bis del Código Penal de Morelos. Paula, por su parte, desmiente las acusaciones de manipulación de los menores y asegura que nunca impidió la convivencia (incluso ofreció ampliarla). Pero los videos no mienten: ahí están los golpes, las humillaciones y los niños en medio del horror.
Este no es solo el “Caso Paula”. Es la historia de miles de mujeres en Morelos y en México que denuncian y se topan con amparos, dilaciones y jueces que priorizan la “presunción de inocencia” del agresor por encima de la integridad física y emocional de las víctimas y sus hijos.
¿Hasta cuándo la justicia en México seguirá siendo un escudo para los violentos? La audiencia del 9 de junio será la prueba: o se cae el amparo y avanza la imputación, o seguiremos viendo cómo los José Francisco “N” de este país siguen libres mientras sus víctimas pagan el precio de haber sobrevivido.
Paula ya rompió el silencio. Ahora le toca al sistema no seguir protegiendo a los verdugos.
