EN MORELOS BAJAN LAS CIFRAS, PERO SIGUEN CAYENDO LOS MUERTOS
El discurso oficial insiste en que la estrategia de seguridad está dando resultados: el promedio diario de homicidios dolosos habría disminuido de 4.3 a 2.1 casos entre noviembre de 2024 y julio de 2026. La reducción es considerable en términos estadísticos, pero pierde brillo cuando se contrasta con lo ocurrido en las calles, donde la violencia continúa cobrando vidas y extendiendo el miedo entre la población.
Durante el último fin de semana, siete personas fueron asesinadas en distintos hechos registrados en Axochiapan, Jiutepec, Cuernavaca, Emiliano Zapata y Huitzilac. Fueron ataques separados, cometidos en diferentes horarios y municipios, pero unidos por un mismo denominador: hombres y mujeres ejecutados a balazos, agresores que escaparon y autoridades que, hasta ahora, no han informado de detenciones relevantes.
El contraste resulta todavía más incómodo porque Morelos apareció durante julio en el séptimo lugar nacional en homicidios dolosos. Es decir, puede existir una reducción frente a los peores meses de la crisis, pero la entidad continúa colocada entre las más violentas del país. Bajar desde niveles extraordinariamente altos no significa que la seguridad se haya recuperado ni que las familias puedan volver a caminar sin temor por sus colonias.
Las estadísticas son indispensables para medir tendencias, pero no deben convertirse en coartadas para administrar la percepción pública. La pregunta que queda sobre la mesa es inevitable: ¿de qué sirve presumir una reducción porcentual si los asesinatos siguen marcando los fines de semana y Morelos permanece entre los estados más golpeados por la violencia? El verdadero avance llegará cuando bajen simultáneamente los homicidios, la impunidad y el miedo; no solamente cuando mejore una gráfica oficial.
