Gatopardismo en Sinaloa: quitar a Rocha para que todo siga igual
El gatopardismo consiste en cambiar las apariencias para conservar intacto el poder. Eso parece ocurrir en Sinaloa: Rubén Rocha Moya deja nuevamente la gubernatura mediante una licencia indefinida, pero su lugar es ocupado por Graciela Domínguez Nava, una figura formada dentro de su propio círculo político y secretaria de Educación durante buena parte de su administración. Cambia el nombre en la oficina principal, no necesariamente el grupo gobernante.
Domínguez Nava asumió este 25 de agosto y permanecerá, salvo un nuevo giro político, hasta el 31 de octubre de 2027, cuando concluye el periodo constitucional. Su nombramiento permite a Morena presentar una transición institucional sin entregar realmente el control del estado, mientras Rocha continúa en México frente a las acusaciones formuladas en Estados Unidos por presuntos vínculos con el narcotráfico, señalamientos que él rechaza y que aún deben probarse judicialmente.
La maniobra pretende vender una ruptura donde existe continuidad. No hay renuncia definitiva, esclarecimiento público ni deslinde político convincente: solamente una licencia, una gobernadora cercana al mandatario desplazado y el respaldo de un aparato partidista empeñado en administrar la crisis. Puro gatopardismo: quitar a Rocha del escenario para mantener vivo el rochismo.
